Nunca he creído en estos ritualismos humanos. Y sin embargo llevo tantos años caminando entre ellos, que llegan a afectarme. Tengo un novio que es padre aunque casi nunca puede ver a su hijo. Tuve un ser que fue responsable por mi concepción pero que no es mi padre. Tuve una madre que hizo también de padre. Y tuve sobre todo un abuelo que fue un padre. Lo que él hizo en la vida es circunstancial. Lo que él hizo en los corazones de la gente pervivirá por generaciones. Y lo que hizo en mi corazón anula la ilusión del tiempo.
Yo creo que uno puede escoger a su padre. Su padre como alguien en quien se puede apoyar cuando todo flaquea y se hunde, alguien que no necesariamente a través de palabras sino de actos le enseña a uno a sumar y restar: sumar amigos, restar traiciones. Porque en eso consiste al fin de cuentas el sobrevivir, el vivir y el pervivir.
Mi abuelo me enseñó que las ideas dejan de ser tontas cuando alguien las comparte con uno. Y que cuando suficientes personas las comparten, pasan a ser ideales. Que cuando una idea apunta hacia el bien de una sola persona, puede ser un sueño, pero cuando apunta hacia el bien de muchas se puede convertir en un movimiento, una teoría, una ideología. Y cuando esa idea quiere ir a los orígenes y a la identidad de todo un continente, cada vez más corazones se abren para recibirla y trasciende generaciones y países y partidos políticos. Así le pasó a mi abuelo, así les pasó a los abuelos y bisabuelos de muchos. En el caso del mío, la idea que lo movió fue el americanismo. Yo creo que no se puede celebrar el día del padre sin honrar a los padres que un día se preguntaron quiénes éramos nosotros, los americanos; por qué teníamos que querernos. Sí, dije americanos. Así decía él, mi abuelo, que americanos éramos todos, desde Alaska hasta la Patagonia.
Este es un mero recorderis de lo que significa ser padre desde un punto de vista social y humanista. Ser padre no significa solamente engendrar un hijo en medio de un reguetón muy apretado. Ser padre es también ser semilla de una idea, de un ideal, de una ideología. No sólo inocular material genético en otro ser humano sino también y sobre todo, inocular material intelectual y espiritual en un grupo de seres humanos. Ser padre es no dejar a un lado el oficio de preguntarse. Ese oficio que comienza cuando se es aún niño y que no debe terminar nunca. Eso lo aprendí de mi abuelo.
Hermosa columna Gabriela!
ResponderBorrarCorto y contundente. Muy bueno.
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