Este es el problema. Somos muchos. Hay un promedio como de diez seres humanos por metro cuadrado. El mundo es un vagón de metro en hora punta. Nos pisamos, nos empujamos y de vez en cuando alguien nos manda la mano o nos roza con sus partes íntimas. Las partes íntimas se vuelven públicas y los sentimientos se reproducen como colonias de treponema pallidum o de estreptococo. Apretados como estamos, cada milímetro de piel y de hueso se vuelve creativo e inventa emociones nuevas para con aquellos diez otros cuerpos que se apelmazan contra ese esqueleto. Cada neurona y cada terminación nerviosa adquiere un pensamiento propio y reacciona de una forma diferente. Ahí lo políticamente correcto, lo moral, lo ético, se diluye al tiempo que secciones de las venas y las arterias dejan de recibir sangre por la presión del hacinamiento. Los arquetipos platónicos se dejan violar por el cáncer y comienzan a mutar, a volverse quimeras, trasgos, huargos, leviatanes, grifos y toda la cohorte creada por los opiómanos y muscaritómanos griegos. Antes era fácil decir te amo porque eres bueno, te odio porque eres malo. Ahora uno podría decir te grifo porque eres un huargo.
Ahora, desde el smartphone toda conversación es obligatoriamente pública, disponible para todos los de ese vagón. Por otro lado, todo corazón etiquetado con el código de barras de "humano" seguido por una serie de números que identifica a cada uno de los siete billones, siete punto uno incluyendo la niña de cuatro brazos de la India, todos los amores son poliamores, todos los seres humanos son potencialmente bisexuales y esos son los dos únicos absolutos que puede haber (ahí nombré un tercero pero eso es todo). Por lo tanto, cuando un ser humano ama a otro, ama a su vez a un promedio de unas cinco mil personas que ha conocido en la vida, incluyendo a algunos miembros de su familia y descontando a algunos de sus contactos de redes de quien sólo ha conocido sus likes, emojis y comentarios (incluso a ésos, sin embargo, puede amarlos de alguna manera).
Así que cuando uno le dice a alguien, "te grifo porque eres un f***ing huargo", le está diciendo todos los colores del espectro, incluidos los grises y los colores de la diarrea, y los odiosos rosas y los verdecitos y los empalagosos pasteles, y le está diciendo que es especial pero que no es lo único que ocupa su corazón. Y le está diciendo a la vez que lo repudia porque alguna vez lo ha herido. En la Era del Hacinamiento, como en un vagón de metro, todos somos potenciales agresores. Porque el mundo siempre se pega esas frenadas repentinas, como cuando alguien se tira a los rieles a morir, o cuando tiene que detenerse porque alguien ha tenido un ataque cardiaco o porque, inevitablemente, un neonato ha levantado el brazo desde la acera. Está bien, la metáfora del metro a veces tiene que sustituirse por la de otro vehículo; uno que haga paradas arbitrarias y no avisadas, violentas y torpes. Uno donde el conductor, Dios, sea un teratoma sin cerebro, que atropella señoras y perros por la calle, que persigue palomas para verlas estamparse contra el panorámico, que le para a las muchachas bonitas en vez de a las gordas o a las viejas, porque quiere exhibirlas como trofeos, sentarlas en el trono del motor donde puede mostrarles cuánta plata hace todos los días, mostrarles que si puede manosear las monedas con tal erotismo, quizá una de ellas deje más que el olor de su culo sobre ese trono al acabar el día. Es decir, ¿a qué chica no le gustan los teratomas?
Así que toda caricia deja al menos un moretón, todo beso deja potencialmente engarzados los piercings de las lenguas o de partes ocultas al público. Y todo "hola" puede terminar en una violación, accidental o intencional. O en un "Frida" del mástil de la registradora que nos deja el alma coja y estéril de por vida. O dejárnosla muerta y sin ansias de trascendencia hasta que el cuerpo se pudra.
Sobre todo cuando uno debe cruzar de punta a punta la ciudad y el 90% de los pasajeros van para el mismo lado. No falta el que te clava la trabilla el cinturón en la oreja una y otra vez y terminas con tu arete y toda tu cara engarzada y cerca y oliendo un pubis anónimo, demasiado anónimo como para querer conocer el olor antes que el nombre de su dueño. Así es cuando uno postea algo en Facebook y un cualquiera te responde con un insulto, a tu gentilicio o a lo que tiene a mano, sólo porque criticaste el dictador de turno o las palabras de un egregio senador o el peinado de cierto cuarto Reich. Y luego te preguntas cómo dejan entrar a un sicópata como ése a una red pública. Y luego te avergüenzas porque te das cuenta de que tú también has reaccionado así frente a algún post... y una vez cada mil, terminas haciendo de ese sicópata uno de tus amigos más cercanos. Las otras 999 veces (la bestia volteada de cabeza) probablemente te digas, como cuando se te engarza el arete en la trabilla de ese cinturón, "he visto demasiado, necesito un descanso" y te das un break. Escribe amén (o Amón-Ra, o Zaratustra, o Yoda, lo que te nazca) y comparte si te ha pasado. Y que sigan cayendo, sobre mi arete, las trabillas anónimas.
Pasen, tómense un tecito de sangre de doncella con galleticas de hueso molido y conversemos.
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viernes, 10 de febrero de 2017
martes, 1 de septiembre de 2015
ANIMAL (publicado en "Los cuentos del Café Flor")
(Basado en "Animal" de Maroon 5 y "Paparazzi" de Lady Gaga)
Difileia
Gray no estaba en el Café Flor. Yo llevaba casi una hora detrás de
los matorrales en la calle del frente y ya me había cosido todos los
dedos de la mano con hilo verde cuando me di cuenta de que ella no
iba a llegar. La última puntada me salió con sangre. Odio cuando
eso pasa. ¿No es horrible? Me gusta cuando las puntadas salen
limpias. Cuando la aguja sólo atraviesa la primera capita de la piel
:'(
Pero
esa última puntada me ensució el hermoso verde lima del hilo que
había comprado especialmente para esa tarde, porque lo noté a él.
Su
cara se me hizo familiar. Estaba casi segura de haberlo visto antes
fotografiando a Difileia. Quizá la vez que volé a Miami a verla
asolearse en la playa. O baxteich en su último concierto. Hasta
entonces, para mí ella era el ser humano más hermoso de toda la
Tierra ^_^.
Me encantaba oír su voz angelical entretejiéndose con la
guturalidad de Thor Lichtenstein y la desfachatez de la guitarra de
Bjorn Svensen.
Me
sabía la obra completa, vida y milagros de Difileia. Desde ese
ingenuo álbum navideño que sacó a los cinco años mezclado por su
mamá en un estudio casero, pasando por la banda punk Peppersnuff y
terminando en los diez años y cinco albums que llevaba como solista.
De cada vestido que se ponía en los videos, tengo una copia hecha
por mí. Están en mi closet, cuando quieras venir a verlas. El del
cisne que llevó a los óscares, el de la jaula-falda de metal y
hasta el de carne. Aunque ese no es de carne verdadera sino de
filetes de tela pintados a mano. Sé, por ejemplo que su nombre viene
de la Diphylleia
Grayi,
una flor que, cuando se moja, sus pétalos se vuelven transparentes,
como de vidrio.
Asistí
puntual a todas nuestras citas y siempre le enviaba una postal hecha
a mano que decía: “El club de fans de Difileia Gray, sección
Colombia, te desea suerte en tu concierto” y muchas caritas felices
y katrinas y caritas guiñando el ojo con la lengua hacia arriba que
era su sello. Ella no tenía por qué saber que yo era la presidenta
pero también la única miembro (¿miembra?) del club. A ninguna de
mis amigas les gustaba Gray. La verdad es que casi no tengo amigas. A
veces llamo a un par de números al azar en el celular a ver quién
me contesta cuando me canso de oír las voces en el televisor.
Pero
esa tarde, al otro lado de la calle del Café Flor, mientras el hilo
que zurcía mis dedos se teñía de vinotinto, volteé a verlo a él,
con su conjunto hipster de jeans y camiseta negra, con su cámara
profesional y sus doctor Martin... cuando pasó la obnubilación que
siento siempre que conozco a un individuo vivo por primera vez, pensé
que quizá ese podía ser el segundo ser humano más hermoso de la
Tierra. Quería hablarle. Pedirle aunque fuera la hora. Pero no soy
muy buena hablando con la gente. Soy mejor hablando con mis Sims o
con mis habitantes de las ciudades de Zeus. O con Mario. ¡Salta,
gordito! ¡Salta! Con él soy muy sucinta
y
sólo le hablo en imperativo. Aunque él termine haciendo lo que se
le da la gana. Así son los hombres.
Luego
me lo volví a encontrar en la rueda de prensa que dio en el Hotel
Tequendama, a la que me colé falsificando una escarapela del diario Tempo. Estaba a varias sillas de distancia por la misma fila. ¿Se
pueden imaginar? Una coincidencia muy de Matrix. O de Star Wars.
Tipo, oh, sí, voy a rescatar a Leia y no sé que ella es mi propia
hermana. Es tan injusto y todo eso. Ah sí, porque yo soy más
vintage, como...,
amo las tres primeras. Cronológicamente. Dah.
Y
ahora Difileia hablaba y hablaba y yo no le estaba poniendo ni cinco
de atención. Lo estaba viendo a él. Antes me arrastraba hasta la
primera fila cuando nadie me veía, o me colaba en su camerino y le
tomaba una foto y luego me fotochopiaba a su lado haciendo una mueca
como..., mi amiga Difileia y yo somos muy locas! :):):) Pero ese día
sólo pensaba en tomarle una foto a él y fotochopiarlo para que
quedara en zunga y con la chocolatina. Porque así me lo imaginé.
Nunca he visto a un hombre desnudo en persona, sólo por torrent.
Alguna vez tuve un amigo con deberes. Porque esos no eran derechos. A
él le vi de la cintura para arriba y él sí me vio toda desnuda.
Sí, a eso me refiero, ríete lo que quieras. O no, quédate callada,
como prefieras. Pero lo peor fue que ahí llegó su mamá y ni
siquiera me tocó :(.
No
me considero fea, sólo creo que el mundo de los computadores me va
mejor que el mundo de los seres humanos. Siempre me pasan esas cosas
T-T.
El
caso fue que después de esa conferencia de prensa me puse a
seguirlo. Y le anoté el nombre. Ramón. Ramón Algazara. También me
pillé el nombre de la revista donde trabaja, lo feisbuquié,
lo frendié, les puse laix en todas sus fotos y encontré una donde
salía la placa de su casa. Ahora todos los días me paro desde
temprano en la esquina de su edificio y espero a que salga. Me subo
con él al transmilenio, así esté lleno. Estoy haciendo un estudio
de su cara todas las mañanas para ver cómo es su biorritmo. Quiero
saber si hay un patrón en su estado de ánimo para poder anticipar
cuándo será el momento más propicio para abordarlo y hacerme,
primero, su amiga, luego, si San Neo quiere, su novia. Y luego, por
ahí en un año o dos, hacer que me pida matrimonio. No debe ser
difícil. Es sólo cuestión de escribir una lista de las cosas que
hacen las protagonistas de las comedias románticas para que el galán se les arrodille y les saque el anillo.
Por
eso hago una foto todas las mañanas y otra todas las noches mientras
duerme. Encontré una manera de meterme al garaje cuando el último
carro del día llega y subir por las escaleras hasta su apartamento.
Son cinco pisos pero mi Ramón lo vale. Sé que él está enamorado
de Difileia, cuando vamos a las ruedas de prensa puedo ver sus ojos.
Pero yo lo entiendo, yo también la amé en un momento. Por eso sé
que seré una novia ejemplar, ultra abierta, cero celos. Que
podremos ir a sus conciertos, porque aunque ya no la amo, puedo
entender que él sí lo haga. Ella es una mujer maravillosa.
Hace
un par de noches lo esperé afuera de la revista. Lo seguí a un bar
donde fue con los compañeros de trabajo. Ahí se peleó con la
novia. Es tan típico de él cuando está estresado... los recortes
en el trabajo lo tienen pegado al techo. Conseguí cruzarme con él y
ponerle un rufi en el trago. No fue nada planeado, no me
malentiendas. Pero conseguí que él se fuera de ahí y cayera
profundo en su cama. Y fue la primera vez que dormimos juntos. Sé lo que estás pensando pero no fue nada
cochino. Sólo esperé el tiempo prudencial para
seguir el mismo camino de siempre, pero con la copia que tengo de su
llave, entré y me acosté a su lado. Dormimos abrazados. Desde
entonces supe que él era el hombre con quien quería estar. ¿Has
sentido eso tú? ¿Cómo me dijiste que te llamabas? ¿Aló? ¿¿Te has
quedado dormida??
Compra el libro completo aquí.
Reportaje de la HJCK.
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viernes, 17 de julio de 2015
HOMENAJE A UN ANTROPÓFAGO
Creo firmemente que no se puede hablar de gore, mucho menos de gore místico, sin mencionar el término antropofagia. Y no se puede hablar de antropofagia sin hablar de América. Me refiero, claro, a la sana costumbre de algunos grupos indígenas de nuestro continente, que evitaban la acumulativa y antihigiénica (infrahumana por demás) maña de encerrar a los enemigos (o criminales, entiéndase como se quiera), y la reemplazaban por la práctica, buena para épocas de escasez y sana costumbre de comérselos. Si lo vemos desde ese punto de vista, los precolombinos tenían un enorme sentido práctico: andaban desnudos, o ligeros de ropa, se agrupaban hasta cien personas en una sola casa, no incurrían en gastos innecesarios como comprar carros, tener internet, viajar en aviones o comprar comida en supermercados. Ellos no eran bobos, seguramente se les había ocurrido todo eso, pero su sensatez evitaba que lo llevaran a la práctica, porque preferían mantener un bajo perfil y ser ahorrativos. Eran tan ahorrativos que si alguien desconocido pasaba más cerca de su bohío que una danta, pues no lo pensaban, lo echaban a la olla. Eran tiempos difíciles.
Las recetas de muchas comunidades americanas (y hablo de la América que va de Alaska hasta la Patagónica) involucraban masas cocinadas "al hoyo" y/o envueltas en hojas de algo. Cuando ellos se comían a sus enemigos, los envolvían también, es casi seguro. Cuando llegaron los españoles, los prefirieron porque ya venían envueltos así que les ahorraban el trabajo. Sólo cambiaba el envoltorio, y el sabor adquiría una sazón que les resultó interesante. Así nació la carne al trapo.
A esta caracteristica práctica de los indígenas aludía Oswald de Andrade en los años 20 cuando escribió, en el calor tropical del Brasil, el manifesto antropófago. Pero, poniéndonos serios (no crean nada de lo que está antes de este párrafo), este movimiento se originó en 1928 con el cuadro que Tarsila do Amaral le regaló a su esposo para su cumpleaños: El “Abaporu” que significa en tupí “el hombre que come”.
| Abaporu |
Su esposo, Oswald de Andrade, como respuesta a este regalo, escribió el mencionado manifiesto, e inició una revolución a nivel artístico, intelectual, en fin, cultural, que pervive hasta nuestros días en el hermano país. Quizá la consigna que sintetiza el manifiesto es “Tupí or not tupí, that is the question”. Y como tupí se define: lo indígena, lo antropófago, lo desnudo. Lo desnudo como franqueza y la antropofagia como la necesidad de dejar atrás las imitaciones maniqueas de los escritores y de, en cambio, devorar, sí, todos los buenos libros que producen los europeos, pero regurgitarlos (así lo dice, no estoy inventando) en una escritura original, autóctona.
El movimiento antropófago brasileño fue precursor en nuestro vecino país, de movimientos como el tropicalismo, de los años 60. Y es aquí donde entra un cantante muy importante para dicho movimiento y a quien quisiera hacer homenaje. O, para ser más precisa, quiero hacerle homenaje a un homenaje que otra cantante le hizo. El cantante es Caetano Veloso y quien lo homenajea es Adriana Calcanhotto, nacida como artista en los años 90. Y la canción se llama “Vamos comer Caetano” ("comámonos a Caetano"). Como se ve, el mismo título es antropófago. Y lo homenajea ni solo por las raíces antropófagas de Veloso sino porque, más concretamente, él había compuesto una canción llamada "Vamo comê" (vamos a comer) donde el cantautor bahiano en compañía de Luiz Melodia, en 1988, comienza hablando de comer "feijão" (frijol) y "farinha" (harina de yuca) y termina incitando al publico a comer "João" y "Maria" en un sentido erótico.
Adriana toma esta canción para homenajear a Veloso y la transforma en "Vamos comer Caetano".
Esta es la canción con la letra traducida al español:
Vamos a Comernos a Caetano
Vamos a comernos a Caetano
Vamos a disfrutarlo
Vamos a comernos a Caetano
Vamos a comenzarlo
Vamos a comernos a Caetano
Vamos a devorarlo
Deglutirlo, masticarlo,
Vamos a lamer la lengua
Queremos bacalao
queremos sardina
El hombre de Palo Brasil
El hombre de Paulita
Desollado por bacantes
En un espectáculo
Banqueteémonos
Orden y orgía
En la súper bacanal
Carne y carnaval
Por lo obvio
Por el incesto
Vamos a comernos a Caetano
Por la frente
Por el verso
Vamos a comerlo crudo
Vamos a comernos a Caetano
Vamos a comenzarlo
Vamos a comernos a Caetano
Vamos a revelarnos (desnudos)
La canción es un homenaje a varios ritmos afrobrasileros, combinados con sonidos electrónicos, y voces y gritos. Dichas voces, hay que anotar, pertenecen a fragmentos de canciones de Caetano Veloso.
Adriana incita al público, a los fans, con un insistente "vamos", a devorar a Caetano, el ídolo. Y menciona a las bacantes, las sacerdotisas del dios Baco. Ellas, aunque no eran antropófagas, comí sí lo eran los cíclopes, desollaban animales pequeños y se los comían crudos en las bacanales. Pero ellas, con ese acto mamívoro (me lo acabo de inventar y no, no siginifca comerse a la mamá, sino comer mamíferos), homenajeaban el mito que decía que el dios Baco, dios del vino, había sido devorado por sus ancestros, los titanes (esos sí que eran antropófagos... o deífagos que sería "los que comen dioses", porque los dioses no eran... bueno, ustedes entienden el punto). No olvidemos el famoso cuadro de Goya, "Saturno devorando a un hijo".
![]() |
| "Saturno devorando a un hijo" de Francisco de Goya. |
Ese "vamos" de Adriana, incita a la multitud a participar del banquete, como si hubiera para todos. Es como si el cuerpo de Caetano se expandiera, se convirtiera en la imagen de la abundancia, del alimento sin límites. Como el cuerpo del dios devorado por sus hijos, sus criaturas. Por eso dice "por lo obvio, por el incesto, vamos a comernos a Caetano". Es un incesto sexual, es digestivo pero también es intelectual en el sentido que le daba de Andrade.
Por otro lado, durante la canción vemos versos como: “Orden y orgía / En la súper bacanal / Carne y carnaval”, que no hay verbos, sólo sustantivos, contrario a lo que diría el filósofo guatemalteco, "Jesús es verbo, no sustantivo". La autora no sólo nos dice de frente que vayamos a comernos a Caetano; también nos lo da como una especie de mensaje subliminal: se "come" parte de la oración para reiterar sus deseos caníbales.
Cuando hablamos especificamente del verso que dice “Orden y orgía”, Calcanhotto parodia el lema inscrito en la bandera brasileña que es: “orden y progreso”. Esa transformación tal vez se deba a lo que dice de Andrade en el manifiesto antropófago. Para los antropófagos la fecha clave es el 11 de octubre de 1492, porque ese fue el último día de la antropofagia, de la desnudez, de la verdad; el último día de la Edad de Oro como de Andrade lo llama. Así que ese verso quizá nos diga, Brasil debería devolverse a esa era, a ese día, antes de la llegada de Colón.
En conclusión y para resumir, Caetano, de estirpe antropófaga, se devoró la cultura reinante de su país, y transformó el “orden y progreso” de la bandera en un “orden y orgía”. Con esta canción, la cantante nos dice que por ese lugar que el bahiano rebelde se ganó en su país (deberíamos adoptarlo en el nuestro y dejarnos influenciar por sus ideas juveniles), Veloso debe ser devorado, disfrutado, saboreado, por sus hijos. La canción, entonces, es una arenga. No de guerra sino de carnaval, de bacanal, de fiesta. y somos nosotros, los oyentes-lectores, los responsables de llevar a cabo la acción. Esta canción es un himno antropófago que nos insta a todos a devorar conocimiento, vida, experiencia, y regurgitarlo todo creativamente en algo nuevo y único. Y al resto del mundo le dice, hay que comer Caetano, sí, pero también, hay que comer Brasil, hay que comer América.
martes, 19 de mayo de 2015
AMOR ENTRE CRETINOS Y TONTOS (love between jerks and dorks)
Algunos hablan del amor correspondido, el amor a primera vista, el amor progresivo. Yo digo que el amor es siempre recíproco. Sólo que no siempre las dos personas lo sienten de formas iguales. Por otro lado, cada individuo actúa de acuerdo con su cultura, su estrato sociocultural y su nivel intelectual.
Hay parejas que se conectan y es para siempre. Son a prueba de todo. Resisten la distancia, los problemas, las personalidades disímiles. Hay otras que sólo se conectan por un rato. Y hay otras que podrían haberse conectado para algo profundo pero los transcurrires de sus cerebros, sus ambiciones, sus temores, sus manías, enturbian ese sentimiento primal. Y hay también gente que simplemente nunca entenderá lo que es el amor y jamás se conectarán con lo que sienten.
Tal vez la gente me diga que soy muy idealista pero creo que incluso en la más cruda y salvaje atracción sexual de dos personas que se encuentran para sentir placer por una noche también hay un tipo de amor. Sólo que ese amor es sin deseos, sin ataduras, sin proyecciones a futuro, un amor que trasciende las ganas de cambiar al otro o cambiar por el otro. Es, se podría decir, un amor del cuerpo, de la piel. Sin que eso sea llamado superficial, porque la piel, los músculos que se usan en el sexo, los tendones, las articulaciones y los huesos, tienden conexiones innúmeras con el cerebro que nos llevan a recuerdos, que nos arropan y nos envuelven en vestiduras de nuestro pasado y de los futuros que quizá no tendremos. Puede uno tener un amante de una noche o de muchos años y amarlo así, en lo furtivo, en el instante, en lo que no lleva a ningún lado pero se hunde en los meandros del éxtasis.
He conocido parejas, por otro lado, y yo misma las he tenido, que cuando se termina la relación lo dejan a uno agotado y con la sensación de haber perdido tiempo valioso. Hombres y mujeres que enamoran para sacar alguna ventaja. Yo me pregunto, sin el animo de excusarlos, si esas personas acaso, no es que no tengan sentimientos, sino que llanamente no saben que los tienen.
Uno se enamora, se conecta, y muchas veces no le importa si la persona es conveniente o no. La edad, el estado sicológico, la condición, el credo, esas cosas no importan al corazón. Simplemente sentimos ese golpe, ese rayo que nos cae en todo el pecho, nos dejamos caer en los pozos gemelos de sus ojos y ya no podemos salir. Y nos maravillamos ante eso que hemos sentido y creemos que para el otro o la otra también ha sucedido ese obnubilador fenómeno del espíritu. Pero algunas veces nos atrevemos a preguntar si ese inexplicable milagro ha sido percibido por el otro y podemos desilusionarnos con la respuesta. “Te quiero como amiga”, “mi cabeza está en otro lado ahora”, “¿qué hice para que sintieras eso?”, son algunas de las respuestas que uno puede escuchar en esos casos.
Si el amor es una hierofanía que irrumpe en nuestras vidas, y si ese fenómeno ocurre indefectiblemente en pares, entonces depende del corazón que lo recibe. Si una de las dos personas de ese par lo recibe con mayor intensidad que el otro, si quizá estaba más abierto, más atento, más receptivo para recibir ese don, si es que eso es, entonces el otro se convierte automáticamente en el jerk, en el cretino de ese par, con lo que el primero queda reducido, degradado al rol de dork, es decir, de tonto. En otras palabras, si partimos del hecho de que el amor es un fenómeno que ocurre al alma, como decía Platón, un hecho que hace crecer plumas invisibles y espectaculares de entre los poros de nuestros brazos, si el amor es un encuentro entre dos partes escindidas de un andrógino perfecto, es entre el corazón y la cabeza que se resuelve el debate entre tomar con sacralidad ese hecho, como lo merece, o desecharlo. A veces el amor baja limpio de donde quiera que se aloje su substancia, y limpio anida en los corazones que lo reciben. Pero otras veces, la mayoría quizá, su pureza es recibida por el corazón y la cabeza del elegido o los elegidos, y ellos se comportan, bien como perros rabiosos que se lo disputan por desmembrarlo y devorarlo, bien como el tonto que voltea a mirar a otro lado mientras la sangre profanada le salpica la ropa. Lo que me lleva a concluir que el amor es muy común como hecho pero no siempre se desarrolla a cabalidad en la vida cotidiana.
Hay parejas que se conectan y es para siempre. Son a prueba de todo. Resisten la distancia, los problemas, las personalidades disímiles. Hay otras que sólo se conectan por un rato. Y hay otras que podrían haberse conectado para algo profundo pero los transcurrires de sus cerebros, sus ambiciones, sus temores, sus manías, enturbian ese sentimiento primal. Y hay también gente que simplemente nunca entenderá lo que es el amor y jamás se conectarán con lo que sienten.
Tal vez la gente me diga que soy muy idealista pero creo que incluso en la más cruda y salvaje atracción sexual de dos personas que se encuentran para sentir placer por una noche también hay un tipo de amor. Sólo que ese amor es sin deseos, sin ataduras, sin proyecciones a futuro, un amor que trasciende las ganas de cambiar al otro o cambiar por el otro. Es, se podría decir, un amor del cuerpo, de la piel. Sin que eso sea llamado superficial, porque la piel, los músculos que se usan en el sexo, los tendones, las articulaciones y los huesos, tienden conexiones innúmeras con el cerebro que nos llevan a recuerdos, que nos arropan y nos envuelven en vestiduras de nuestro pasado y de los futuros que quizá no tendremos. Puede uno tener un amante de una noche o de muchos años y amarlo así, en lo furtivo, en el instante, en lo que no lleva a ningún lado pero se hunde en los meandros del éxtasis.
He conocido parejas, por otro lado, y yo misma las he tenido, que cuando se termina la relación lo dejan a uno agotado y con la sensación de haber perdido tiempo valioso. Hombres y mujeres que enamoran para sacar alguna ventaja. Yo me pregunto, sin el animo de excusarlos, si esas personas acaso, no es que no tengan sentimientos, sino que llanamente no saben que los tienen.
Uno se enamora, se conecta, y muchas veces no le importa si la persona es conveniente o no. La edad, el estado sicológico, la condición, el credo, esas cosas no importan al corazón. Simplemente sentimos ese golpe, ese rayo que nos cae en todo el pecho, nos dejamos caer en los pozos gemelos de sus ojos y ya no podemos salir. Y nos maravillamos ante eso que hemos sentido y creemos que para el otro o la otra también ha sucedido ese obnubilador fenómeno del espíritu. Pero algunas veces nos atrevemos a preguntar si ese inexplicable milagro ha sido percibido por el otro y podemos desilusionarnos con la respuesta. “Te quiero como amiga”, “mi cabeza está en otro lado ahora”, “¿qué hice para que sintieras eso?”, son algunas de las respuestas que uno puede escuchar en esos casos.
Si el amor es una hierofanía que irrumpe en nuestras vidas, y si ese fenómeno ocurre indefectiblemente en pares, entonces depende del corazón que lo recibe. Si una de las dos personas de ese par lo recibe con mayor intensidad que el otro, si quizá estaba más abierto, más atento, más receptivo para recibir ese don, si es que eso es, entonces el otro se convierte automáticamente en el jerk, en el cretino de ese par, con lo que el primero queda reducido, degradado al rol de dork, es decir, de tonto. En otras palabras, si partimos del hecho de que el amor es un fenómeno que ocurre al alma, como decía Platón, un hecho que hace crecer plumas invisibles y espectaculares de entre los poros de nuestros brazos, si el amor es un encuentro entre dos partes escindidas de un andrógino perfecto, es entre el corazón y la cabeza que se resuelve el debate entre tomar con sacralidad ese hecho, como lo merece, o desecharlo. A veces el amor baja limpio de donde quiera que se aloje su substancia, y limpio anida en los corazones que lo reciben. Pero otras veces, la mayoría quizá, su pureza es recibida por el corazón y la cabeza del elegido o los elegidos, y ellos se comportan, bien como perros rabiosos que se lo disputan por desmembrarlo y devorarlo, bien como el tonto que voltea a mirar a otro lado mientras la sangre profanada le salpica la ropa. Lo que me lleva a concluir que el amor es muy común como hecho pero no siempre se desarrolla a cabalidad en la vida cotidiana.
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