Hacía rato no subía nada a este blog. La verdad, estoy de trasteo. Sí, entrando al cuarto piso de mi vida y el amor me ha pegado la cachetada mas grande de mi ídem. Cachetada en el buen sentido. Y estoy mudándome a Chile. Pero en fin, aquí está. Espero que lo disfruten.
Bush lo sabía. Y la junta directiva de la NASA, y el Pentágono y la CIA. Especialmente la CIA. Ellos eran los que tenían en su poder la máquina que había quebrado a Enigma. La habían reconstruido con los planos de Alan Turing, los mismos que habían servido para decodificar los mensajes alemanes en la Segunda Guerra y la habían adaptado a un sistema que no era con letras sino con sonidos. Largos, medianos y cortos. Y notas musicales, más parecidas a las ragas indias que al sistema occidental.
Los primeros mensajes habían sido interceptados sin querer durante la Segunda Guerra y confundidos con código morse. Luego se pensó que eran sonidos emitidos por satélites artificiales, ya en la Era espacial. Llegaron a pensar en música de las esferas. Hasta que se les ocurrió pensar que no eran ni lo uno ni lo otro ni lo de más allá, sino mensajes de una civilización no terrestre.
Para comienzos de 2001, los altos mandos politicos y militares de Estados Unidos sabían quiénes emitían los mensajes. No sabían aún quién era el destinatario. Supieron que no éramos nosotros pero que la Tierra era el tema principal. Y así fue como se dieron cuenta de que íbamos a ser el blanco de un ataque terrorista. "Pearl Harbor se repite de nuevo", dijo el General Powell, Secretario de Estado. Esta vez, y era increíble pensarlo, tendrían que dejar que ocurriera, no por una estrategia militar sino por falta de recursos. Por primera vez la tierra se enfrentaba a un enemigo que no podría vencer. Y ese enemigo, lo supieron por el camino, eran los plutonianos.
La verdad es que desde los primeros mensajes que lograron decodificaron en Langley, supieron cuánto envidiaban los plutonianos a nuestro planeta. Calor, recursos, comida, agua a montones. Se veía venir. Nos querían para ellos.
Sólo veo una solución, dijo el consejero presidencial Karl Rove. Y las palabras de Rove para Bush eran sagradas. Necesitamos recursos para sobrevivir al daño que este ataque va a causarnos. Cumpliremos el sueño de Reagan.
Y de mi padre, dijo solemne George Bush Jr.
Vamos a apoderarnos de Irak, siguió Donald Rumsfeld, Ministro de defensa, mientras sorbía su café. Así tendremos acceso a más petróleo.
Y pasemos por Afganistán, dijo John Brennan, el director de la CIA. Así nos traemos un refill de opio.
¿Podemos traernos unas bailarinas?, dijo un aseador que se había quedado limpiando bajo la mesa luego de que cerraron la puerta. Todos se quedaron mirando. Brennan sin pensarlo le metió un tiro en la frente.
Mataremos tres pájaros, dijo el General Powell, nos cagamos a Osama, colonizamos Bagdad para enseñarles un poco de civilidad a esa raza impura e inferior y nos beneficiamos del petróleo, el opio y sí, las bailarinas, como dijo él (señalando al que estaba tendido en el suelo manchando de rojo la costosa alfombra de la sala).
Nadie más lo sabía ni podía saberlo. Ni los mexicanos, ni los alemanes, ni mucho menos los árabes. Nadie sabía que los plutonianos habían escogido Nueva York para su ataque, y la habían escogido, supusieron los asistentes a esa reunión, porque habían oído de alguna manera que los humanos la consideraban la capital de La Tierra. Algo, eso sí, tenían en común los ignorantes y los conocedores: ninguno sabía cómo tenían los plutonianos acceso a toda la información geográfica y política de nuestro planeta.
Algo sería seguro: las grabaciones que se filtrarían a los medios saldrían directamente de la sala de prensa de la Casa Blanca, editadas para que en vez de naves se viera o diera para presumir que se trataba de aviones. Los harían como las filmaciones de ovnis; lo decidieron conscientes de la paradoja: los harían borrosos.
Por eso estaba el presidente en un colegio el día del ataque, leyéndoles a los niños un cuento sin percatarse de que lo sostenía al revés. Por eso se fue a jugar golf luego de eso. Le remordió la conciencia y estuvo cercano a un infarto. No por atacar a los talibanes. No por bombardear Afganistán e Irak. Pero sí por el verse vencido por un enemigo superior.
Los irakíes no lo vieron venir. Por eso nunca encontraron armas nucleares en suelo irakí. No habían tenido tiempo de armarlas y ponerlas en su sitio. Por eso terminó siendo una masacre y no una guerra. Por eso los bombardeos en colegios y mezquitas no fueron detenidos. Eso los gringos no lo vieron venir. Al final, viendo la brutalidad de los soldados americanos en el museo de Bagdad destruyendo arpas etruscas, les hizo pensar si de verdad había valido la pena la farsa. El General Powell no recordaba que las guerras agotaran tanto. Y Jeff, George senior y Georgie Junior (los Bush iban siempre en fronda) se asombraron de lo crédulos que eran los seres humanos. Se habían creído el cuento de que el impacto de dos aviones suicidas había sido suficiente para derretir el acero de los edificios más altos del mundo. La verdad es que la caída de los dos colosos fue lo único que pudieron hacer para combatir al enemigo. No sabian qué tan resistentes iban a ser las naves si las atacaban con misiles. Pero sabían que los ocupantes no podían ser tan distintos de nosotros. Las naves iban a aterrizar en las terrazas y las tropas desembarcarían ahí, tomarían las telecomunicaciones, confiscarían el dinero, tomarían rehenes y su primera condición sería plantar ahí su primera base de operaciones militares. Desde ahí y obligarían a los terrestres a entregar uno a uno a todos los dirigentes del mundo, empezando por el mismo Georgie Jr., presidente de los Estados Unidos de América, a entregar el poder.
Por eso es que justo el día anterior los Bush hicieron desalojar todo el World Trade Center para, en un operativo ultrasecreto, forrar de arriba abajo, con explosivos plásticos, los dos edificios. Los explosivos reaccionarían a control remoto. Es lo único que se ha dejado filtrar en la red. Las detonaciones. Los bomberos y los conserjes de las torres las oyeron, antes de que las torres, a su tiempo cada una, se vinieran abajo. De arriba hacia abajo, como en un edificio que va a ser demolido. Una sinfonía de tambores infernales despidiendo escombros y fuego y polvo y pedazos de carne quemada. Y no hay nadie que les ponga cuidado. Pero tampoco habrá nadie capaz de refutarlos. En pleno centro de Manhattan no podían permitir que por alguna razón, estructuras de esa magnitud y esa extensión vertical se curvaran o simplemente se incendiaran. Eso podría llevar a una catástrofe mayor. No. Había que hacerlos implosionar. Y los miles de vidas que habia ahi en ese momento, no habían sido sacrificadas en vano.
Sólo fue necesario apretar el botón con la segunda torre, no con la primera. Al parecer, los plutonianos no calcularon bien la trayectoria, o la relación velocidad-gravedad que debían atender. Chocaron. Si serían vulnerables al fuego o no, los asistentes a esa reunión clasificada se lo preguntaron, pero no había tiempo ni forma de probarlo antes de ese día.
El 11 de septiembre de 2001, dos naves impactaron las torres gemelas. La tercera se dejó caer contra el Pentágono. Nadie salió herido pero a los altos mandos les quedó muy claro que los plutonianos habían descubierto las esategia defensiva de los humanos. Sin embargo, aunque esperaron un nuevo ataque, éste no se dio.
Algunos rescatistas aseguran haber encontrado cuerpos bastante bizarros (o sea, como se llamaba originalmente en euskera a los muy barbudos, y también como se usa hoy en inglés, como extremadamente extraños). Lo cual quiere decir que sí pueden morir, como nosotros.
En 2006, la Coalición Secreta de la Tierra contra el Espacio Interestelar (Secret Coalition of Earth Against Interstellar Space, SCEAIS), que había sido fundada para combatir a los plutonianos en 2001, se reunió en acto conmemorativo, como todos los años, y todos sus miembros brindaron por el día en que la Tierra fue salvada. Lo llamaban the day of Goliath. Whisky, vodka y alguna que otra chicha iban de un lado a otro del salón y en un momento alguien dijo que debían, como un acto de agravio contra el nuevo enemigo, inventar nombres ofensivos para denominar a Plutón (fuera de Puto —que solo tiene sentido en español— y what's up Uranus —que solo tiene sentido en inglés—). Alguno de ellos, ya bastante entrado en copas, decidio llamar, medio en serio y medio en broma, a la Sociedad Mundial de Astronomía para que los nutrieran de ideas. Qué te vas a poner a llamar a ese grupo de ñoños, dijo Georgie. Pero el personaje (creo que fue el presidente de la NASA), lo hizo de todos modos. Fue entonces cuando los de la Coalición descubrieron que los investigadores de esa organización en apariencia ñoña, sin saber lo que había ocurrido el 911, estaban, por su cuenta, en un proceso de descubrimiento de lo que llamaban objetos transneptunianos, planetoides o planetas enanos que hacían parte de nuestro sistema solar y cuyas orbitas pasaban mas allá de Neptuno y del cinturón de Kuiper. Y ahí supieron que Plutón era uno de ellos. Se rieron de buena gana, no sin cierto temor, pero brindaron por el "plutino" que había hecho morir a un tercio de la población de la isla de Manhattan pero que les había ayudado a, casi, ganar Irak, el opio y las bailarinas. Hoy por hoy, en la Coalición hay quien se vanagloria por el silencio de los plutonianos. Pero hay quien dice que ellos sí cumplieron su objetivo y que en realidad están entre nosotros. Algunas hipótesis no oficiales afirman que han suplantado a las estrellas de Hollywood, lo cual tiene sentido, porque quién más que ellos tiene tanta exposición en el mundo. En alguna de las reuniones de la Coalición alcancé a oír a uno, ya ebrio (no diré nombres), asegurar: No son cirugías. Son ellos.
Pasen, tómense un tecito de sangre de doncella con galleticas de hueso molido y conversemos.
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miércoles, 20 de abril de 2016
martes, 16 de febrero de 2016
CAMINANDO ENTRE LOS HOMBRES (BASADO EN UNA HISTORIA REAL)
Después de mucho buscar, porque no es fácil encontrar un buen cuerpo en estos días, había encontrado a esa muchachita, que con unos años más, unas cuantas sesiones de elíptica y unas limpiezas faciales, sería un bomboncito. Por ahora, tenía trece años y era aún una hija de mami. Cuando la conocí, tenía el poco mundo y la incapacidad de maldecir, propias de alguien de su edad. Iba a un colegio católico y no se subía el ruedo de la falda con cosedora como el resto de sus compañeras. Era una flacucha que no tenía amigas y se ahogaba en gimnasia. No era que digamos una obsesiva con el estudio. Pasaba raspando las materias, quizá por la simpatía que despertaba en sus profesores. Simpatía y quizá esa cierta esperanza con que miran los mentores a sus discípulos menos aventajados. La niñita se la pasaba mirando por la ventana, a ninguna parte que yo hubiera visto, sólo dejándose perder en el ramaje lejano de los arboles, o en las nubes, o qué putas voy a saber. Pero precisamente por la capacidad de la niña de no pensar en nada durante ratos tan largos, por eso, me la cogí. Sin duda, fui lo mejor que le pudo haber pasado.
Me tomó poco tiempo sentirme a mis anchas dentro de su cuerpo aún no tan corrompido por las hormonas púberes. Estuve un par de meses descansando simplemente dentro de ella- Porque una posesión no es así como así. Es como un parto, aunque para adentro. Bueno, eso en realidad es lo que siente el anfitrión. Para nosotros es como tratar de entrar a la casa por la puertica del gato. O por la chimenea. Si, como Papá Noel. Igual de artrítico y gordo, pero los regalos que va a depositar son para él mismo.
Así que lo tomé con calma. Como una diversión.
El primer truco que usé fue "por qué te estás golpeando". Ese fue un hit. La gente la miraba en la calle, en clase se reían de ella, hasta logré que la llevaran a la rectoría y la suspendieran por estarse dando puños sola en la cara, a lo Fight Club. La pobre no entendía nada. Pero al otro día ya eso había perdido la gracia. Así que probé con el de "quién puso eso ahí". Le hacía zancadilla con su propia pierna, hacía que ignorara la existencia de los escalones y de los postes... Cómo me divertí esa semana. Yo era como el hermano mayor que nunca tuve. Pero al final estaba empezando a doler y francamente tampoco soy tan huevón como para fracturarle a mi anfitrión un hueso. No me hace gracia tener que inmovilizarlos. Así que la siguiente semana probé con el de "zorrita-en-boca". Que básicamente consiste en decirle zorra a todo el que se cruce por el camino. Sabía a lo que me arriesgaba. Muchos hubieran dicho que soy un demonio kamikaze pero no me van a negar que es putamente divertido verle la cara a la gente cuando la llamas zorra de la nada. A la empleada doméstica, a la vecina que ha salido a barrer el frente, al conductor de la ruta del colegio, al señor de la droguería, al conductor de una zorra, al french poodle de la abuela. Y uno va tomando impulso, coge confiancita, termina haciéndole el chistecito a la mamá de la poseída y ella la cachetea tan fuerte que te llega a doler a ti. De todos modos, ya entrados en gastos, no quedaba otra que el "metal arameo". Comencé gritando en gutural y en arameo los nombres de los muebles, de los utensilios de cocina y las partes de la casa. Los soltaba en la mitad de una frase cualquiera. Cuando la idiota estaba en la tienda pidiendo una libra de ... SILLA!!... o hablando por celular con su Paulis del niño que... PERA MANZANAS E HIGOS o sentada a la mesa en la mitad de la cena cuando le pedía a su mamá que le pasara la CANDELABRO y todo eso en arameo suena terriblemente PUDRETE EN EL INFIERNOOOO MALDITA PERRAAA. Luego seguía con frases más largas, como la inscripción en la puerta del cielo de la Divina Comedia en latín vernáculo, la primera página de la Montaña Mágica y una propaganda de champú de los años ochenta en japonés. Me sentía como una diva en su mejor época. El climax fue cuando esta niña flacuchenta y dulzarrona que no mataba una mosca y se ahogaba en gimnasia, se transformó en Hulk en la mitad de un test de Cooper e hizo la repartición de los puños EN EL NOMBRE DE LA CABRA Y LA CHOCHA DE LA LORA Y TU PUTA MADRE QUE TE PARIO POR DETRÁS ... Amén.
Ahí creo que se me fue la mano. La niñuca fue confinada a la casa. Había dejado muy magullado el cuerpo y... pasó lo que no quería: me gané una inmovilización. Me dio tanta piedra que cada vez que se me acercaba la idiota de la mamá o el imbecil del papá, les profería los más creativos insultos en todas las lenguas que conocía (y en un par que había inventado cuando me hicieron un niño de verdad unos pandilleros hace miles de años). Para probarles que estaban cometiendo una injusticia con nosotros y que estábamos perfectamente bien, me paré de la cama y bajé las escaleras caminando en arco. Pero la culicagada, como que no estuvo muy de acuerdo con ese display de flexibilidad y gracia, pues perdió el conocimiento. Esa noche oí llorar a la cucha, mientras hablaba por teléfono y esa misma noche un tal padre Karras se presentó ante mí, frente a la cama donde nos tenían atados. Me mostró el crucifijo, que a mí me indigna, porque cuando yo era un ser humano, el sufrimiento de Chuchito no se andaba mostrando en paños menores. Así que me dio tanto coraje que fue inevitable escupirle en la cara a ese esbirro de ese falso dios. Y oía la voz de la pendejita esa, por allá en el fondo de su alma, que se apretujaba conmigo en ese cuerpo entelerido, y gemía que la liberara. ¡Cállate, maldita, cállate ya!, tuve que gritarle, y el sacerdote, sintiéndose aludido, comenzó a recitar una retahíla aburridísima, parte en latín, parte en inglés, retahíla que yo trataba de interrumpir gritándole a palabra "sándwich" en arameo, en vasco y en menonita, hasta que se le secó la voz a mi vehículo, y al intentar zafarme terminé desgarrándome un músculo. Al final terminó dándome jaqueca, y como nadie iba a darme un advil, hice mi salida lo más digno y rimbombante que pude, entre estertores, chorretes de sangre y luces de utilería.
PD: este cuento no está basado en El Exorcista.
martes, 5 de enero de 2016
EL GRAN LIBRO DE WOODROBE
En estos días en que un nuevo año despierta y abre sus ínfimas manitas al mundo, aún con torpeza pero con una fuerza inenarrable, estaba pensando, ¿en qué? Sí, señores. Por supuesto. Es inevitable pensar en los zombies. ¿No? Bueno, quizá seré la única pero en estos días, con esta peligrosa sobrepoblación de cazadores malolientes, se me hace imposible no dedicar al menos una hora diaria a reflexionar sobre ellos.
Porque, en realidad, ¿qué tanto sabemos? Sabemos lo que nos hacen. Sabemos cómo matarlos, como burlarlos. Sabemos qué lugares evitar para no dar con ellos. Pero la verdad, hay que decirlo, todo eso es sólo la punta de un afilado colmillo.
Existe el mito de que nacieron por un virus. Que es al morder a las personas que se reproducen. Es lo que han dicho los científicos. Pero, ¿estamos dispuestos a creerles? ¿Sobre todo después de todas las mentiras que han regado sobre enfermedades y catástrofes?
Para muchos es difícil saber los detalles sociológicos, antropológicos y etnográficos de criaturas tan temibles. No se puede estar cerca de ellos sin correr peligro de morir. Casi nadie puede vivir para contar quiénes son realmente ésos a quienes llamamos, muy haitiana o quizá hollywoodense, pero en definitiva, equívocamente, zombies. Suerte que tuve que toparme con el más valioso testimonio sobre éstos que son los nuevos depredadores del hombre.
Hablo del Gran Libro de Woodrobe, el famoso arqueólogo, medio genio, medio loco, picado por la fiebre annunaki, que tanto jugo dio en la televisión hace unos años, pero que se fue un día a buscar restos alienígenas en la Sierra Nevada de Santa Marta y no volvió. El libro, del cual quizá sea menos romántico pero más verídico decir que se trata de su tablet, lo cargaba siempre en su mochila arwaca made in China y ahí consignaba sus reflexiones, hipótesis, composiciones musicales truncas (y seamos sinceros, sin valor alguno para las artes), y llegó a mis manos, no diré cómo, sólo diré lo emocionada que estuve de darme cuenta de todo lo que ponía a mi alcance.
Así que, preámbulos aparte, comenzaré a contarles lo que Woodrobe atestiguó. Sólo los primeros archivos hablan de ovnis y de reptilianos. Pero al parecer los zombies de la zona terminaron por llamar su atención mucho más.
Woodrobe afirma con vehemencia que los zombies no salen todos en masa a buscar cerebros ni a masticar nuestra carne como todo el mundo cree. Sus sistemas digestivos están en constante descomposición, no aguantan comer carne tan seguido. Salen más o menos una vez por semana, en grupos, con ciertas intermitencias. Eso sí, tienen un olfato potente y cada vez que huelen humano es como cuando uno pasa frente a una chocolatería o una pollería; no pueden aguantarse. Aunque después los ataquen potentes dolores de estómago. Por eso, el investigador tenía que frotarse en hierbas aromáticas para no ser detectado y aún así no se acercaba a ellos. Los observaba desde la distancia, como Sigourney Weaver en Gorilas en la Niebla. O como el profesor Malinowski a los africanos desde su tienda. Siempre se preguntó, como yo ahora, de dónde venían y cómo habían llegado a habitar tan cerca de nuestras ciudades. Nunca pudo respondérselo. Sólo con especulaciones de naves rigelianas, abducciones y experimentos hechos en humanos sanos. Pero nunca pudo probarlo. A mí que todo eso me parece una sarta de patrañas, sus elucubraciones psicóticas no me convencen. Así que me limito a hablar de lo que sí pudo palpar. Y no deja de sorprenderme el hecho de que sus gargantas no pueden cantar --menos hablar-- porque en algunos las cuerdas vocales están del todo extintas (a veces en vez de palabras les brotan gusanos de la boca a los "podrecitos"), y sin embargo algo los mantiene con vida. No sólo eso, parecen celebrarla. Cuando están contentos, toman los cráneos de aquéllos que se han comido y los golpean para sacar conmovedores sonidos, esto a juicio del científico que, como me di cuenta por su reacción, carecía del todo de oído musical.
En uno de los videos que encontré, Woodrobe está casi susurrando para no ser oído, por lo que se hace difícil entenderle a veces. Al hablar de los zombies, los llama palíndromos porque no se sabe si van o si vienen aunque yo discrepo de ese nombre y no lo utilizaré. El estudioso toma por casualidad a uno de ellos en medio del follaje haciendo un brazalete con raíces. Luego lo filma mientras le entrega dicho brazalete a una mujer joven cuyo cuerpo, dice el arqueólogo, aún posee cierta belleza. La pareja procede a acomodarse los pedazos de piel que se les han rasgado en la cara y a acicalarse mutuamente el poco cabello. El video, sin embargo, se prolonga por demasiado tiempo pues a parte de eso, los sujetos no hacen nada más. Al tiempo que la cámara se ladea y el ángulo de la filmación parece perder importancia, la imagen en un momento comienza a vibrar, a zangolotearse, y se oyen, detrás de la lente, pugidos, jadeos y siseos desenfrenados que me hicieron apagar la tablet de inmediato.
En el siguiente video que abrí, no sin resquemor, Woodrobe dice que a pesar del estado de los tejidos de los monstruos, es asombrosa la fuerza que tienen para correr, perseguir animales y comérselos crudos. Es cierto, esto comprueba que no son "humanívoros" exclusivamente. Los sitúa como seres muy básicos que no conocen el fuego, pero luego hace un enorme descubrimiento, o varios, si se puede decir así: el primero es que cuando cazan, ellos tumban a la presa, la matan al instante, la desmiembran, se reparten las piezas, se las llevan andando en fila hasta un lugar plano, se sientan en círculo y se las comen con parsimonia. A Woodrobe le asombró el afán de comer porque en muchos la comida se escapa por los hoyos de podredumbre en el cuello, en los costillares de algunos, en el abdomen. También al igual que yo se sintió desconcertado al ver que, contrario a lo que se ha dicho, lo que ellos muerden no vuelve a la vida.
Hay que hacer una importante salvedad, pues ellos en su comunidad andan desnudos. Las ropas permanecen siempre limpias en un sitio que las resguarda de la lluvia y la aspersión de sus tejidos en decadencia. Las cuidan como reliquias. De repente un día, varios, a punta de señas, gruñidos, toses y jadeos, parecen convenir ponérselas, como si fueran trajes camuflados, y salen hacia la ciudad para buscar humanos. Ellos creen, o eso supone el investigador, que así pasarán inadvertidos.
El segundo descubrimiento, no crean que pierdo el hilo del relato, es que después de esas bacanales de humanos (que, como dice el loco Woodrobe, deben ser muy llenadoras), el grupo que ha salido a cazar, en la noche, que muchas veces es de luna llena aunque no todas, se van adonde el cielo se les ofrezca despejado, suben sus cabezas, algunos se quitan la suya para ver mejor, y se quedan extasiados mirando el cielo. Comienzan a balancearse y a gemir quedo, como enfermos o como en un extremo placer. Y así, suave, lento, comienzan a despojarse unos a otros de las ropas, de los miembros, de los restos de piel que les quedan, hasta que quedan meros trozos de hueso, girones de piel y ropas dobladas en el suelo. Woodrobe comenta, triste, que la noche que logró grabar eso que él llamó ritual, la tablet se quedó sin batería y él además había tenido un día tan tenso que se quedó dormido y no registró lo que pasaba después, pero cuando despertó con el canto de los pájaros, no vio nada, ni las ropas, ni los huesos despedazados ni los trozos de piel. Con ira, con vergüenza, con pesadumbre, volvió al caserío rústico de palos mal puestos donde viven esas gentes y vio al mismo grupo pero sin gusanos, la piel tersa y flexible, los ojos con brillo como si fuéramos nosotros. Los delata quizá la carencia de habla que permanece aún después de ese hecho inexplicable, atribuible, según yo, a la brujería; según él, al contacto con extraterrestres.
Los zombies (aún me río del nombre "palíndromo" para llamar a estas criaturas), después de rejuvenecer, pasan horas zapateando contra el suelo, sin más música que el golpear de cráneos de animales y de humanos (verlos hacer eso es asombroso y aterrador, insisto, por la carencia de ritmo y de coordinación) y se echan a la boca una mezcla de escupitajos y orina que todos vacían en un cuenco, por lo general robado de casas humanas, y lo beben alegres, tal vez porque no se les sale del cuerpo.
Aparte de esto, de cazar, de lavar las ropas, de usarlas para procurar carne humana, del extraño ritual de la noche y el desmembramiento y de esos bailes, no tienen tanto. No documentado al menos. Pero en los videos yo observo que hay tanto misterio, tanta lejanía que ameritaría un estudio más profundo.
Sobre Woodrobe, el indígena kogui que me entregó su equipaje austero, me dijo que el hombre, después de meses de bajar al pueblo una vez por semana, un día simplemente no apareció más. Que sospecha que se lo comieron. Los equipos de rescate no se atreven a adentrarse en zona de zombies. Prefieren que quede como en "Mi alma se la dejo al Diablo" o en "La Vorágine". Prefieren pensar que se lo tragó la manigua. A mí me queda la duda pero soy demasiado cobarde. Tan cobarde como esos equipos de rescate. Cobarde y a la vez obsesionada por tener un sueño lejano, un sueño para tal vez nunca cumplir: terminar el estudio de Woodrobe.
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jueves, 24 de diciembre de 2015
NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD
Había dos veces dos Marías que eran hermanas gemelas y vivían en Tierra Santa. Las dos hacían parte del harem de José. Como él tenía una fábrica de muebles, no tenía tiempo para acostarse con ellas. Algunos de sus vecinos de la cuadra decían que ellas eran en realidad hombres. Otros decían que eran vírgenes, pero esos eran menos.
En el lejano Oriente, cerca a las Guyanas, había unos reyes magos. Eran unos reyes que hacían magia. Se habían quebrado y por eso se dedicaban a entretener niños en piñatas y mujeres solas en ciertos locales nocturnos. Pero en sus ratos libres, se dedicaban a leer el horóscopo en el periódico. Ahí vieron un día el siguiente mensaje: "Sigue la estrella más iluminada y te encontrarás con un bebé que cambiará tu vida". Ellos lo interpretaron como que iba a haber un bautizo anunciado con luces estroboscópicas muy potentes y que quien hiciera una fiesta tan garra para un bebé, les podría pagar muy bien por sus rutinas de magia.
Pero no eran luces artificiales porque no habían sido inventadas. Era de hecho una estrella, que había sido llamada a hacer un alumbramiento. Como en esa época los quirófanos no tenían luz, si el nacimiento era de noche, era un problema. Muchas mujeres habían sido quemadas por los doctores en el afán de ellos por ver cómo venía el bebé. Algunas veces el doctor terminaba sacándoles el apéndice en vez del niño. Entonces el Altísimo tenía miedo de que el niño o la elegida para parirlo resultaran con la marca de la bestia. De la bestia del doctor.
Volviendo a las dos del paseo, volvían todas satisfechas del bosque, con los cabellos revueltos, los vestidos rasgados y una sonrisa que no les quitaba nadie. Ahí se encontraron con José, que desde ese momento fue apodado El Venado. Y le dijeron:
—José, ¡no vas a creer lo que pasó! Estábamos caminando por el bosque cuando nos encontramos con un ángel. Era rubio, ojos claros, 2.10 mt.
—¿Cómo así, mujeres?
—Sí, él dijo que Dios nos había escogido para que una de nosotros fuera la madre del hijo de Dios. Y así, introdujo en nuestros vientres la semilla divina.
—Amén —completó la otra, arrobada en éxtasis. La primera continuó:
—Él comenzó a cantar: "de tin marín de do pingué..." y ahí se le olvidaba la cancioncita. Así que decidió que fuéramos las dos.
Ahí José entornó los ojos.
—¡Marica! —resopló el interpelado—. ¿¿Me vieron cara de millonario?? —chilló el evanista—. ¿¿Cómo voy a hacer con dos hijos de una sola sentada??
Entonces, después de mucho pensar, decidió poner un aviso en los clasificados que decía:
"Viene en camino el hijo de Dios, solicítase rey con solvencia económica, buena presencia, no es necesario título profesional, para patrocinar educación. Recompensa: la salvación de su alma".
Los reyes en cuestión seguían leyendo el periódico pero no vieron el anuncio de José. Ellos se quedaron con la interpretación del horóscopo. Así que rompieron sus alcancías, empacaron sus camellos y se fueron echando dedo, haciendo trucos de magia por el camino, buscando la estrella.
José un día decidió ir a censarse en Belén porque le dijeron que allá regalaban bocadillos beleños, y tomó la decisión de llevarse consigo a las dos Marías. Ellas al principio no estuvieron de acuerdo. Pero él les dijo, rabón, que no confiaba en ellas y que, mínimo, después de tener a los niños le iban a volver a poner los cachos con otro "ángel". Ellas intercambiaron miradas y aceptaron en silencio.
Así pues, partieron, en tres animales, los tres burros hacia Belén. Después de varios días de camino, llegaron al pueblito. Y esa noche, cuando se estaban registrando en el lobby del hotel Belén's Inn, José se dio cuenta de que se le había quedado la billetera en casa (o eso dijo). Así que tuvieron que empeñar los burros para que los dejaran quedar en el parqueadero. Fue un 24 de diciembre cuando la primera María —o sea, cualquiera de las dos— comenzó con las contracciones. Justo ahí, la estrella llegó y se posó encima, sobre el poste de la luz (que no era sino un palo alto con una vela) para alumbrar el alumbramiento.
Sin embargo, cuando el niño nació, todos esperaban que naciera con el pelo largo, la barbita y los ojos claros. Al ver que no tenía nada de eso, se decepcionaron. Los reyes, que venían como a un kilómetro —por hora, porque los camellos pesaban mucho en las maletas—, vieron la estrella a lo lejos y comenzaron a correr, pero la estrella se apagó. Ellos se quedaron sin saber para dónde agarrar y anduvieron vagando por Belén, comprando artesanías y visitando sitios turísticos, ganando algunos pesos con trucos de magia. Llegó el 6 de enero y comenzaron a pensar en regresar a su país. Pero antes decidieron entrar a un mercado persa, donde todo en realidad estaba hecho en China, y vieron que había una promoción navideña: un paquete de incienso, mirra y joyas de fantasía, todo a mil, así que lo compraron. Esa noche ya iban saliendo de Belén cuando volvieron a ver encenderse la estrella, y tuvieron que volver corriendo.
En el parqueadero estaban José, las dos Marías, un bebé normal y otro que sí había nacido con el pelo largo y la barbita. Ahí todos supieron que había llegado el hijo de Dios. Los reyes los vieron tan pobres que buscaron en sus bolsillos y en sus maletas y lo único que encontraron fue ese paquete que habían comprado en promoción. Así que se lo dieron al recién nacido, que inmediatamente se lo metió a la boca.
Años después, la primera María se divorció de José y conoció a un ruso que estaba visitando Tierra Santa. Se casó con él y se fueron a su país. Ahí el hermano de Jesús, Peter Merovingoff, estudió liguística y filología y se especializó en arameo. Tuvo una esposa llamada Magdalena a quien salvó de un derrumbe (aunque no fue derrumbe sino que estaba jugando ponchados, y la crónica roja lo confundió con lapidación por lo rústico de las pelotas de aquel tiempo). Su descendencia fue cariñosamente llamada "Los Merovingi", versión abreviada del apellido Merovingoff.
Jesús, el de la barbita, se quedó con sus padres, se dejó crecer las patillas, se las rizó y se hizo rabino desde muy temprana edad. Después de su famoso discurso en el templo a los 12 años, se perdió en el desierto, empezó a ver un espejismo de una selva, lo encontró una loba y lo crió, lo rebautizó como Mogli, él se hizo amigo de una pantera y un mono, lo persiguió un tigre, volvió como 18 años después, tuvo muchos followers y hasta escribieron un libro sobre él, pero se metió en un bollo político y terminó siendo procesado por suplantación, todo porque quiso poner un gimnasio y llamarlo "El rey de los Pilates". Lo condenaron a la latigación pero se dañó el látigo (era chino) así que pasaron al siguiente castigo que era la cruz. Como la cruz la montaron en un poste de luz, hizo corto y el pueblo quedó a oscuras 3 dias y 3 noches. A Jesús lo consideraron muerto y lo enterraron pero era solo catatonia y tristeza porque se había sentido abandonado por su padre biológico. Un poco turulato, anduvo envuelto en vendas, vagando por el pueblo. Un niño que lo vió, le dijo a la mamá, "mira, la miomia. Ha regresado". Otro niño salió llorando porque pensó que había llegado el apocalipsis zombie. Y ahí llegó Santo Tomás y para demostrar que no era ni lo uno ni lo otro, le metió al Resurrecto el dedo en la llaga. El dolor y la ira fueron tantas que Jesús despertó. Después de una sesión de selfies para Instagram, decidieron hacer una reunión de prensa con todos los seguidores del canal de Youtube y de facebook, a la que confirmaron asistencia doscientos pero sólo fueron once. Hicieron una rave y ahí sí estuvo todo el pueblo. Hubo tanta droga y alcohol que todos salieron hablando en lenguas. Al día siguiente, el titular en primera página fue: "Jesús no estaba muerto, andaba de parranda".
FELIZ NAVIDAD
martes, 10 de noviembre de 2015
LA HISTORIA DEL EDÍPICO EDDIE PO
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| “Edipo y la Esfinge", François Émile Ehrmann (1903) |
Hace muchos, pero muchos... días, El Rey de Tebas y su esposa, Yocasta, tuvieron un hermoso hijo. Edmonton. Era una mañana hermosa en aquella ciudad y mientras tomaban el café, don Rey se puso a leer El Espectador. Se aprestó a leer: “Tauro, hoy te espera una gran sorpresa. Geminis, ten cuidado con los hombres rubios. Cáncer, hoy es un excelente día para hacer negocios. Enciende muchas velas blancas". Se detuvo en Leo, que era el signo de su pequeño hijo. Y casi se atora cuando lee: tus padres deben tener cuidado, pues serás un incestuoso y un parricida. El rey siente una bolita que le sube y le baja, piensa que es su bilirrubina y decide que ya no quiere ser papá. Llamó a su psicoanalista Sigmundós Freudópolus, éste le dijo que su hijo sufriría el complejo, "de... ¿Cómo se llama su hijo? ¿Edmonton? Así se llamará el complejo". Y asi se llamó en un comienzo. Sigmundós Freudópolus le dijo que eso era normal, que todos los niños se enamoraban de sus madres, que a él también le había pasado. El rey pensó en su propia madre y no volvió a tocar a Yocasta. Pero también decidió regalar a su hijo al mejor postor. Perdón. Pastor. Así que se paró frente al castillo con su hijo sobre una mesa y un cartel que decía, όλα χίλια, es decir, todo a mil. Y a un pastor de ovejas que pasó, se lo vendió. El buen hombre llevaba una oveja y una gallina al hombro, ambas atadas por las patas, así que apenas le dieron el niño lo amarró tambien de las pezuñitas y se lo echó encima. El rey se quedó suspirando por la decisión que había tomado pero también preguntándose si no era que el campesino estaba mal de la vista.
El padre putativo del niño anduvo durante doce horas, una jornada laboral completa, y cuando se sintió abrumado con tanto peso a sus espaldas, decidió desamarrar a la oveja e ir tomándola de la mano mientras gallina y párvulo se balanceaban y entrechocaban y vomitaban alegremente en su espalda. Al llegar a su humilde rancha, los pies de la pobre criatura y los del niño estaban hinchados. La esposa apenas vio esto, tomo al niño y exclamó: ¿De donde salió esta... cosa? Parece un bebé. A lo que el hombre se mostró asombrado y le respondió que pensaba que le estaban vendiendo un salchichón cervecero. La mujer lo tomó de la cabuya y comenzó a darle vueltas por todos lados. Los pies del niño se habían hinchado tanto que lo hacían ver como un animalito de globito hecho por un payaso con parkinson. Le daba vueltas para un lado y otro y no veía dónde empezaba y dónde terminaba aquello. Hasta que le vio un lunar que decía: Este lado arriba. Y ahí supo que ésa era la cabeza. Lo desamarró, limpió el vómito, lo vistió y comenzó a pensar qué nombre le pondría. Ahí vio que el bebé, colgada al cuello, tenía una medalla de la virgen (una de las once mil) que por detrás decía “para Ed". Y como su esposo era de ascendencia china, de apellido Po, el niño se llamó Ed Po. Aunque algunos dicen que la familia en realidad había venido de Chile, pero ésta es una versión apócrifa. Cuentan que cuando Ed fue más grande fundó una ciudad, y la nombró como su madre, Lily Po. A los habitantes de dicha ciudad los llamaban lilipotienses.
En todo caso, con el tiempo al niño lo terminaron llamando Eddie Po. Aunque eso en griego sonaba demasiado parecido a “patinchao". Lo cual no distaba, por otro lado, de la forma como sus padres putativos lo habían conocido.
Y así creció el niño, viviendo esa vida bucólica y sencilla, entre pastores. Pero ocurrió que, de haber sido un patinchao, a medida que crecía se iba volviendo más un hinchapelotas. A las mujeres les desbarataba el tejido, en las noches le costaba dormirse así que se ponía a contar ovejas y al papá en la mañana le tocaba salir a buscarlas y volverlas a contar. La madre le dijo que debía hacer algún deporte y lo encontró jugando al discóbolo con las gallinas. Ahí definitivamente le prohibieron la entrada a los corrales. No encontró mejor diversión que ir a medianoche al templo de Afrodita y hacerles el mohicano a las sacerdotisas mientras dormían, le hacía dreadlocks al hierofante en la cabeza y le esquilaba la barba, y a los niños les desprogramaba los nintendos. Llegó a ser tan odiado e irrespetado por su pueblo que un día lo declararon persona Unfollowed y le tocó irse. Para entonces ya tenía quince años.
Salió pues Ed con su mochila al hombro y el dolor en el pecho (además de un ojo morado que le dejaron de recuerdo) a caminar por los valles y los bosques, cuando una mañana, en medio del camino, se topó con un majestuoso, enorme animal. Mitológico. O en otras palabras, lo-que-podríamos-haber-extinguido-si-hubiera-existido. Una esfinge.
—Buenos días, viajero —le dijo solemne y su voz retumbó por millas a la redonda—. Si me contestas esta pre... ¿Eh? —se interrumpió la ancestral mujer al ver que el muchachito se estaba tratando de subir sobre su lomo—. ¿Qué haces, mocoso?
—¿Cuánto cobra por la hora?
—¿Cómo? —bufó el ser mitológico—. ¿Por quién me tomas?
—La hora de cabalgata —completó el muchacho, y seguía haciendo esfuerzos sobrenaturales por llegar a la cima de su lomo—. Nunca había visto un caballo tan grande.
La esfinge lo tomó entre sus dientes con cuidado y lo puso frente a ella.
—Soy una esfinge, no un vulgar caballo —le dijo con el ceño fruncido —. Y sólo si contestas mi pregunta podrás pas... ¡Hey!
El niño se había acercado a su cara y le estaba jalando los bigotes.
—Qué dientes tan grandes tienes —le dijo asombrado.
—Creo que eso es de otro cuento, niño. ¿Pero me vas a responder la...? ¿Qué? ¿Qué estás mirando?
—Puedo ver dentro de tu nariz. Y creo que veo un moco.
La enorme esfinge se sentó sobre sus patas traseras y se rascó el hocico con una de las delanteras. Luego le acercó la cara.
—¿Ya?
—Ahora está en tu pata.
La esfinge se examinó y se lamió.
—Ahora sí, ponme cuidado muchachito.
—¿Nunca has sufrido de pulgas? —la volvió a interrumpir—. Apuesto a que son enormes.
La esfinge lo miró, sus ojos dos antorchas ardientes, posición de ataque, orejas hacia atrás, exposición de todos los dientes. Le resopló.
—¡Mocoso malcriado! ¡Cómo te atreves...!
El niño volteó la cabeza.
—Mira, ese camino parece llevar al mismo lado. Te vi —y salió corriendo. La esfinge rugió enfurecida pero cuando se le pasó la rabia, se dio cuenta de que había sido su error no hacerse en el cuello de la “Y" sino en una de sus divisiones. Así que colgó sus hábitos esfingiles y se enlistó en la escuela de grifos.
Así siguió caminando el joven, casi un día entero, hasta que se encontró subiendo una montaña. Era cada vez más escarpado el camino y de repente se encontró avanzando por un desfiladero. Era muy estrecho y sentía vértigo cuando miraba hacia abajo. De repente alzó la cabeza y se dio cuenta de que tenía en frente a un hombre mayor con ropas muy finas. A ambos les temblaban las piernas.
—Buenos días, joven. Mire, ésta es la situación. Yo necesito ir hacia allá —y señaló con la boca porque el desfiladero era tan estrecho que no permitía mucha gesticulación—. Soy el rey de este país y tengo un asunto muy importante que resolver. La única manera que tenemos para solucionar este impase es que usted se devuelva para que yo pueda pasar.
—No le aconsejo que pase. Vengo de allá y no se está perdiendo de nada. Hay una aldea de gente muy aburrida y regañona y un caballo muy grande que dijo llamarse dizque Extingue, que tiene mocos en la nariz y pulgas del tamaño de ovejas. Apuesto a que allá de donde usted viene hay cosas más interesantes qué hacer.
—Mire, niño. Mi hijo vive del otro lado de esta montaña y yo...
—Su hijo está bien, déjelo ser. No puede ser tan sobreprotector. Déjelo respirar, ¡por Zeus! Más bien nos vamos para allá y usted me presta su cédula para pedir unas cervezas —y lo empujó suavemente. El rey se resistió.
—No—dijo comenzando a impacientarse—. Debo decirle a mi hijo quién es y darle su derecho al trono.
—Sí —gruñó Eddie y aplicó un poco más de fuerza—. Yo quiero mucho una cerveza. Nadie me deja tomar cerveza en mi pueblo.
El suelo debajo de ellos comenzó a desmoronarse.
—Que no —insistio el rey—. Tengo que salvar mi matrimonio. Mi esposa me dijo que si no le devuelvo a su hijo voy a seguir durmiendo en el sofá.
—¡Quiero cerveza! —gritó el muchacho y zapateó. Un trozo grueso de roca se desprendió y cayó al vacío.
—¡Le ordeno que me deje pasar, o lo llevo preso! —dijo el hombre y zapateó más fuerte. Se desprendió un pedazo tan grande que él casi cae.
—Pues lléveme preso, con eso le toca devolverse de una vez —zapateó el adolescente. Al hacerlo casi se queda sin piso y le tocó avanzar.
—¿Ve lo que acaba de hacer? —vociferó el rey forzado a retroceder y tratando de no perder el equilibrio en la maniobra—. Me dejó sin posibilidades de seguir. Va a tocar devolveeee... —todo el pedazo de piso que lo sostenía se desprendió y se lo llevó abismo abajo. Ed tuvo que dar un salto descomunal hacia adelante porque todo el desfiladero se empezó a derrumbar a sus espaldas estilo Indiana Jones. Arrancó a correr llorando, temiendo por su vida y por su suerte.
—Al menos me hubiera dejado su cédula, viejo hijodeputa.
Todo polvoriento y cansado, logró descender hasta el pie de la montaña, y a la sombra de un árbol se acurrucó y lloró. De repente, su destino vino volando hacia él y lo golpeó en la cara. Sí. La sección del periódico llamada Su Destino. “Leo, matarás a tu padre y te casarás...". Dio vuelta a la hoja y vio que se trataba de los clasificados. Pensando que habría algún trabajo para él, se puso a leerlos. Hasta que vio: Mujer madura, dueña de todos los acres de la comarca, viudita y a la orden, busca joven soltero para relación estable y ver juntos el atardecer. Supuso que era la esposa del hombre a quien había visto suicidarse por accidente y occisarse. Pensó que los chismes vuelan, que él le haría y partió. Pensó que ella por fin iba a invitarlo a una cerveza. Encontró un arroyo, se bañó en él, luego buscó un Only, compró ropas nuevas y partió. Preguntando preguntando le respondieron mil veces: ¿Acaso está ciego? ¿Con lo grande que es el castillo y todavía no lo ve?
Al fin llegó, tocó el timbre y salió una mucama a abrirle.
—Vengo por el anuncio —le dijo, y ella, callada, lo llevó donde estaban las herramientas de jardinería. El joven se sintió confundido.
—Ah, es que a la reina le gustan los fetiches —dijo al fin. Ahora fue la mucama quien se sintió confundida.
—¿No venía por el anuncio de “se busca jardinero"?
—No, vengo por el “otro” anuncio, if you know what I mean —y le guiñó el ojo.
La mucama lo llevó a la cocina.
—Ah, a la reina le gusta —y el mismo se interrumpió—. Déjeme adivinar. ¿También necesitan cocinero? —preguntó el joven.
—Sí, disculpe. Va a tener que ser más especifico. La reina está renovando personal y...
—Vengo por este anuncio —y le mostró el pedazo de periódico. La mucama pareció sonrojarse un momento.
—Aahhh... Oohh... Oh —concluyó, cada vez más perturbada, y lo condujo a la sala de espera. Le pasó una revista para que leyera y le pasó un turno. La música de Ray Coniff sonaba en los altavoces, luego sonó una de Richard Clayderman seguida por... Lo despertó un coro marcial de trompetas. Entraba la reina con... Ah, verdad que estamos en Grecia. ¿Nada de crinolinas, de corsés, de tafetán ni de canutillos? ¿No? Bueno. Venía dando saltitos en una túnica. Se le daba esto de dar saltitos. Se miraron y ella sin duda sintió algo raro. Pensó que era Cupido que la había flechado. Luego se dijo que esa punzada que le vino estaba muy abajo para ser obra de Cupido. Se respondió que claro, que si Cupido andaba a ciegas no tenía por qué tener puntería. Entonces se preguntó si no era más bien su colon irritable o su SPM (síndrome pre menopáusico) pero después se dio cuenta de que el muchachito que tenía al frente se parecía mucho a su difunto esposo. (Siguiendo con el SPM, ella tenía 25 años para entonces pero hay que recordar que la expectativa de vida en esa época era mucho más baja y todo llegaba más pronto, y por si acaso, la jubilación también). Pensó en invitarlo a un milo caliente con galletas porque lo vio muy chiqui, pero él fue muy claro en que quería una cerveza (por si están haciendo cuentas, sí, lo había tenido a los 10, en esa época era normal). Así que le cumplió el deseo. Se enamoró de su energía, de su sencillez y le pareció kiut que fuera tan travieso y tan impertinente. Sobre todo, ignoró que la soledad es mala consejera y que su SPM la tenía muy hormonal, y en una semana se casó con él. Él no estuvo muy convencido. Las crisis de calor y de histeria no le cayeron muy en gracia. Y cuando le dijo que sólo quería verla bailar y meterle billetes de a mil entre el calzón para luego retozar un rato entre las sábanas, ella le dijo que a los menores de edad no les dejaban hacer eso, que la única manera era casándose con un adulto responsable. Que además, a ella le dijo que le parecía importante llegar virgen al matrimonio. El joven doncel no cayó en cuenta de que la cougar queen se estaba refiriendo a la virginidad de él, se compadeció por la crueldad del antiguo rey de dejar madurar a su mujer sin haberle hecho el favorcito nunca, y se sintió compasivo y paciente. Así pues, se casaron con bombos y platillos, y con muchos esclavos abanicándola para ayudarla con esos calores, y la primera noche hubo mucha sangre, que él pensó que era de ella y no le importó su propio dolor ni su hinchazón y quedó contento con su rol de amante.
Dos hijos después y varias idas a urgencias por peleas domésticas, la historia cuenta que nuestro Ed, ya más adulto y menos fastidioso, se da cuenta de que su esposa es en realidad su propia madre y se saca los ojos. Pero fue en realidad así: ella se quedó mirando una mañana la flamante nalga de su amante esposo, el lunar en forma del perfil de Hitchcock (por supuesto que no sabían quién era ese tipo porque no había nacido, pero lo llamaban el lunar Hitchcock y era propio de toda la familia real de Tebas por parte de madre), y por primera vez en toda su relación, la reina se puso los lentes. Ahí lo comparó con su propio lunar y exclamó, emocionada, asqueada: ¡Hijo! ¡Hijo mío! Él se volteó boca arriba y respondió: ¿De modo que no eras virgen? Y en esa discusión irreconciliable decidieron pedirse el divorcio, motivos incesto y desfloración previa. Y he aquí que entre los honorarios de su propio abogado y las demandas del abogado de su esposa-madre, a Eddie Po le arrancaron un ojo de la cara y luego el otro. Y así nuestro Ed quedó vagando, sin reino, sin ojos, sin plata, estudiando derecho y braille en una universidad pública, obsesionado por hacerle un estudio de ADN a cada mujer con quien salía y por verle la nalga a todas en la primera cita (tocarle... hacerse describir...). Así se quedó, señalado como un pervertido por todas las mujeres, segregado como un paria, soñando con que los habitantes del pueblo de su infancia le dieran #FF de nuevo, y una tarde mientras lloraba al pie de un árbol llegó volando una esfinge con máster en grifo y se lo comió.
martes, 27 de octubre de 2015
ODA ANTIPERISTÁLTICA
Pensar cómo el vómito puede ser una entidad viva. Un cuerpo cálido que puede en algún caso ocupar un tiempo y un espacio y por ende, poseer una energía determinada. E=MC². Olvidando su procedencia, lo que se siente al darlo a luz (eso es, un parto por otro conducto) o el olor (que no hay nada más sincero y hondo), pensémoslo como un animalito carente de cariño. Que si te lo encuentras en el asiento de un taxi, por ejemplo, hecho un pequeño estanque tibio, te va a buscar y a agarrar con cada molécula de su líquido ser y se va a querer pegar a ti. No es para menos: ha sido expulsado del vientre de su madre o de su padre, ha sido abandonado ahí, con total indolencia, y tú eres el primer ser humano que se topa después de tan arduo fenómeno, de esa venida al mundo frío y hostil del asiento.
Esa cosita ha venido envuelta en vapores de alcohol y en restos del pasado de su progenitor. Lo que él comió, pero mas allá, las sustancias que fueron liberadas con cada sensación y cada emoción que trajo el día. El amor, la tristeza, el deseo, la alegría. Todo eso liberó fragmentos de un universo que formó finalmente la quintaesencia de ese hijo malquerido. ¿Y quién se lo encuentra? Tú. Pero no, tú no aprecias eso. Tú lo repudias. Te sientes sucia, te sientes como cuando un perro te orina encima, cosa que resulta totalmente diferente, porque los orines del perro son una marca frentera de un dominio. Esta criatura, en cambio, está viva, posee ya una personalidad propia, diferente de aquélla de su creador. Pero tú no puedes separar una cosa de otra. Para ti es todo lo mismo. Tú de todos modos quieres limpiarlo, cercenar las células de esta maravilla que sólo quiere tu cariño. Y como vas para un evento y ya no alcanzas a ir a tu casa a cambiarte, te vas así, lo recibes, te lo llevas contigo, pero sintiéndote la más puerca, la más profanada, la más humillada. No sabes lo insensible que es eso, lo mucho que le duele a ese hijo que has adoptado tan de mala manera. Y sientes ese olor impregnado, emplastado en tu nariz todo el tiempo, aunque al llegar a tu destino te has metido al baño y te has limpiado tanto como has podido y te has sacado la mancha, "la mácula" de tu trasero. La criatura, hecha girones, mutilada, ha seguido ahí toda la noche, secándose, marchitándose poco a poco, aunque no se vea y aunque sólo tú insistas en percibir ese olor que te repugna. Y cuando llegas a tu casa, te quitas el pantalón, lo metes en gasolina, te das una ducha hirviente y escarificante con estropajo y clorox ... Lo has matado, hija de perra. Lo has matado y nunca sabrás lo que es verlo crecer.
Esa cosita ha venido envuelta en vapores de alcohol y en restos del pasado de su progenitor. Lo que él comió, pero mas allá, las sustancias que fueron liberadas con cada sensación y cada emoción que trajo el día. El amor, la tristeza, el deseo, la alegría. Todo eso liberó fragmentos de un universo que formó finalmente la quintaesencia de ese hijo malquerido. ¿Y quién se lo encuentra? Tú. Pero no, tú no aprecias eso. Tú lo repudias. Te sientes sucia, te sientes como cuando un perro te orina encima, cosa que resulta totalmente diferente, porque los orines del perro son una marca frentera de un dominio. Esta criatura, en cambio, está viva, posee ya una personalidad propia, diferente de aquélla de su creador. Pero tú no puedes separar una cosa de otra. Para ti es todo lo mismo. Tú de todos modos quieres limpiarlo, cercenar las células de esta maravilla que sólo quiere tu cariño. Y como vas para un evento y ya no alcanzas a ir a tu casa a cambiarte, te vas así, lo recibes, te lo llevas contigo, pero sintiéndote la más puerca, la más profanada, la más humillada. No sabes lo insensible que es eso, lo mucho que le duele a ese hijo que has adoptado tan de mala manera. Y sientes ese olor impregnado, emplastado en tu nariz todo el tiempo, aunque al llegar a tu destino te has metido al baño y te has limpiado tanto como has podido y te has sacado la mancha, "la mácula" de tu trasero. La criatura, hecha girones, mutilada, ha seguido ahí toda la noche, secándose, marchitándose poco a poco, aunque no se vea y aunque sólo tú insistas en percibir ese olor que te repugna. Y cuando llegas a tu casa, te quitas el pantalón, lo metes en gasolina, te das una ducha hirviente y escarificante con estropajo y clorox ... Lo has matado, hija de perra. Lo has matado y nunca sabrás lo que es verlo crecer.
martes, 1 de septiembre de 2015
ANIMAL (publicado en "Los cuentos del Café Flor")
(Basado en "Animal" de Maroon 5 y "Paparazzi" de Lady Gaga)
Difileia
Gray no estaba en el Café Flor. Yo llevaba casi una hora detrás de
los matorrales en la calle del frente y ya me había cosido todos los
dedos de la mano con hilo verde cuando me di cuenta de que ella no
iba a llegar. La última puntada me salió con sangre. Odio cuando
eso pasa. ¿No es horrible? Me gusta cuando las puntadas salen
limpias. Cuando la aguja sólo atraviesa la primera capita de la piel
:'(
Pero
esa última puntada me ensució el hermoso verde lima del hilo que
había comprado especialmente para esa tarde, porque lo noté a él.
Su
cara se me hizo familiar. Estaba casi segura de haberlo visto antes
fotografiando a Difileia. Quizá la vez que volé a Miami a verla
asolearse en la playa. O baxteich en su último concierto. Hasta
entonces, para mí ella era el ser humano más hermoso de toda la
Tierra ^_^.
Me encantaba oír su voz angelical entretejiéndose con la
guturalidad de Thor Lichtenstein y la desfachatez de la guitarra de
Bjorn Svensen.
Me
sabía la obra completa, vida y milagros de Difileia. Desde ese
ingenuo álbum navideño que sacó a los cinco años mezclado por su
mamá en un estudio casero, pasando por la banda punk Peppersnuff y
terminando en los diez años y cinco albums que llevaba como solista.
De cada vestido que se ponía en los videos, tengo una copia hecha
por mí. Están en mi closet, cuando quieras venir a verlas. El del
cisne que llevó a los óscares, el de la jaula-falda de metal y
hasta el de carne. Aunque ese no es de carne verdadera sino de
filetes de tela pintados a mano. Sé, por ejemplo que su nombre viene
de la Diphylleia
Grayi,
una flor que, cuando se moja, sus pétalos se vuelven transparentes,
como de vidrio.
Asistí
puntual a todas nuestras citas y siempre le enviaba una postal hecha
a mano que decía: “El club de fans de Difileia Gray, sección
Colombia, te desea suerte en tu concierto” y muchas caritas felices
y katrinas y caritas guiñando el ojo con la lengua hacia arriba que
era su sello. Ella no tenía por qué saber que yo era la presidenta
pero también la única miembro (¿miembra?) del club. A ninguna de
mis amigas les gustaba Gray. La verdad es que casi no tengo amigas. A
veces llamo a un par de números al azar en el celular a ver quién
me contesta cuando me canso de oír las voces en el televisor.
Pero
esa tarde, al otro lado de la calle del Café Flor, mientras el hilo
que zurcía mis dedos se teñía de vinotinto, volteé a verlo a él,
con su conjunto hipster de jeans y camiseta negra, con su cámara
profesional y sus doctor Martin... cuando pasó la obnubilación que
siento siempre que conozco a un individuo vivo por primera vez, pensé
que quizá ese podía ser el segundo ser humano más hermoso de la
Tierra. Quería hablarle. Pedirle aunque fuera la hora. Pero no soy
muy buena hablando con la gente. Soy mejor hablando con mis Sims o
con mis habitantes de las ciudades de Zeus. O con Mario. ¡Salta,
gordito! ¡Salta! Con él soy muy sucinta
y
sólo le hablo en imperativo. Aunque él termine haciendo lo que se
le da la gana. Así son los hombres.
Luego
me lo volví a encontrar en la rueda de prensa que dio en el Hotel
Tequendama, a la que me colé falsificando una escarapela del diario Tempo. Estaba a varias sillas de distancia por la misma fila. ¿Se
pueden imaginar? Una coincidencia muy de Matrix. O de Star Wars.
Tipo, oh, sí, voy a rescatar a Leia y no sé que ella es mi propia
hermana. Es tan injusto y todo eso. Ah sí, porque yo soy más
vintage, como...,
amo las tres primeras. Cronológicamente. Dah.
Y
ahora Difileia hablaba y hablaba y yo no le estaba poniendo ni cinco
de atención. Lo estaba viendo a él. Antes me arrastraba hasta la
primera fila cuando nadie me veía, o me colaba en su camerino y le
tomaba una foto y luego me fotochopiaba a su lado haciendo una mueca
como..., mi amiga Difileia y yo somos muy locas! :):):) Pero ese día
sólo pensaba en tomarle una foto a él y fotochopiarlo para que
quedara en zunga y con la chocolatina. Porque así me lo imaginé.
Nunca he visto a un hombre desnudo en persona, sólo por torrent.
Alguna vez tuve un amigo con deberes. Porque esos no eran derechos. A
él le vi de la cintura para arriba y él sí me vio toda desnuda.
Sí, a eso me refiero, ríete lo que quieras. O no, quédate callada,
como prefieras. Pero lo peor fue que ahí llegó su mamá y ni
siquiera me tocó :(.
No
me considero fea, sólo creo que el mundo de los computadores me va
mejor que el mundo de los seres humanos. Siempre me pasan esas cosas
T-T.
El
caso fue que después de esa conferencia de prensa me puse a
seguirlo. Y le anoté el nombre. Ramón. Ramón Algazara. También me
pillé el nombre de la revista donde trabaja, lo feisbuquié,
lo frendié, les puse laix en todas sus fotos y encontré una donde
salía la placa de su casa. Ahora todos los días me paro desde
temprano en la esquina de su edificio y espero a que salga. Me subo
con él al transmilenio, así esté lleno. Estoy haciendo un estudio
de su cara todas las mañanas para ver cómo es su biorritmo. Quiero
saber si hay un patrón en su estado de ánimo para poder anticipar
cuándo será el momento más propicio para abordarlo y hacerme,
primero, su amiga, luego, si San Neo quiere, su novia. Y luego, por
ahí en un año o dos, hacer que me pida matrimonio. No debe ser
difícil. Es sólo cuestión de escribir una lista de las cosas que
hacen las protagonistas de las comedias románticas para que el galán se les arrodille y les saque el anillo.
Por
eso hago una foto todas las mañanas y otra todas las noches mientras
duerme. Encontré una manera de meterme al garaje cuando el último
carro del día llega y subir por las escaleras hasta su apartamento.
Son cinco pisos pero mi Ramón lo vale. Sé que él está enamorado
de Difileia, cuando vamos a las ruedas de prensa puedo ver sus ojos.
Pero yo lo entiendo, yo también la amé en un momento. Por eso sé
que seré una novia ejemplar, ultra abierta, cero celos. Que
podremos ir a sus conciertos, porque aunque ya no la amo, puedo
entender que él sí lo haga. Ella es una mujer maravillosa.
Hace
un par de noches lo esperé afuera de la revista. Lo seguí a un bar
donde fue con los compañeros de trabajo. Ahí se peleó con la
novia. Es tan típico de él cuando está estresado... los recortes
en el trabajo lo tienen pegado al techo. Conseguí cruzarme con él y
ponerle un rufi en el trago. No fue nada planeado, no me
malentiendas. Pero conseguí que él se fuera de ahí y cayera
profundo en su cama. Y fue la primera vez que dormimos juntos. Sé lo que estás pensando pero no fue nada
cochino. Sólo esperé el tiempo prudencial para
seguir el mismo camino de siempre, pero con la copia que tengo de su
llave, entré y me acosté a su lado. Dormimos abrazados. Desde
entonces supe que él era el hombre con quien quería estar. ¿Has
sentido eso tú? ¿Cómo me dijiste que te llamabas? ¿Aló? ¿¿Te has
quedado dormida??
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miércoles, 3 de junio de 2015
CRÓNICA DE UNA CARCAJADA. DEL PASTELAZO AL KOAN.
"La risa, remedio infalible", rezaba en la tarjeta que me regaló una compañera de colegio hace ya bastantes años y que al abrirla dejaba salir volando una mariposa negra impulsada por un caucho. Tenía doce años cuando el mundo de las bromas se abrió ante mis ojos, exactamente en la época en que llegaron las casas de bromas a Bogotá, por allá a mitades de los milnovechento-ochenta. Ahí vendían desde el muñeco musculoso que orinaba en tu cara, pasando por los chicles-trampa y terminando en sofisticaciones como la mosca en el vaso o el vaso con hoyos.
Esta mañana estaba revisando el término paradoja como un mind game basado en teorías donde la matemática retaba la lógica de la mente por decirlo así, como los grabados de Escher. Y descubrí que hay un aspecto del humor, o de las bromas, que causa risa basándose en paradojas.
El famoso slapstick o pastelazo tan popular en la comedia gringa es gracioso porque a los seres humanos nos gusta reírnos de la desgracia ajena, pero hay algunas rutinas que son paradojas, como la famosa que involucra dos albañiles y una escalera, y que cuando uno se voltea con la escalera al hombro para un lado, el otro resulta golpeado. Ahí es cuando uno dice, ¿cuáles son las probabilidades de que eso ocurra en la realidad? Lo más curioso es que de hecho en la realidad eso puede pasar. Hay "pastelazos" que definitivamente retan la lógica. Como en "The Funniest Vídeos" donde un hombre puede saltar por encima de un carrito de golf y quedar colgado del calzoncillo, un lanzador de disco puede convertirse en lanzado, un jinete convertirse en montura. Cosas que si no se ven, no se creen.
También tenemos los juegos de palabras. Chistes como el de "en eñta eñquina el de moño ñojo y en eñta ota eñ demoño ñojo" o ese donde un sacerdote después de años de estudiar mucho la Biblia, comparar traducciones y aprender arameo, se echa a reír y exclama: "Ah! ¡ 'Sed libres', no 'célibes' !". O esos que juegan con la imagen y que rayan (¿rallan?) en lo absurdo como el de: " ¿Cuántos elefantes caben en un wolkswagen? Cinco, dos adelante y tres atrás" con la secuela que es: "¿Cómo se sabe que los cinco elefantes están en una fiesta? Porque está el wolkswagen parqueado afuera".
Es quizá el mismo principio del koan y el mondo, del zen chino. Aunque en éstos la intención era, claro está, diferente. Sin embargo, eso no se puede negar, hay mucho humor en ellos. Como cuando el discípulo le pregunta al maestro cuál fue la ultima enseñanza de Buda y éste le responde: "te lo diré pero primero tienes que hincarte en el suelo frente a su estatua". Y cuando el discípulo lo hace, el maestro le pega una tremenda patada en el culo, el alumno no puede dejar de reírse y ahí alcanza la iluminación.
O ese otro en que el discípulo pregunta: maestro, ¿tiene un perro la misma naturaleza de Buda?, y el maestro le responde: ¡wu!, que significa a la vez la onomatopeya del ladrido y la palabra "no". Esta palabra, wu, por otro lado, es el eje del zen, filosofía ocupada en negarlo todo. De una forma dulce, pero implacable.
La historia zen que me parece la más notable de todas, es la que cuenta que un maestro quiere dejar un sucesor para que dirija el monasterio y habiendo reunido a todos sus discípulos al rededor de un jarrón, lanza la pregunta: "sin decir 'esto es un jarrón', definan lo que tienen en frente de una forma sabia y profunda". Y después de un largo silencio, quizá de días, pasó el cocinero, se tropezó con el jarrón, que, claro, olvidé mencionar que era de la dinastía Ming o algo así, y lo rompió, lo cual enfureció a todos los monjes porque había roto una antigüedad. Pero agradó mucho al maestro porque había roto una antigüedad. Y le agradó tanto que le dio a él la dirección del monasterio.
El zen es el súmmum de la comedia. Le da a la risa el estatus de ejercicio religioso. Como dice el filósofo español, " casi una experiencia religiosa". Hablamos de Enrique Iglesias, por supuesto. El zen, podría decirse, es aprender a reírse de todo, hasta de sí mismo (cosa en verdad difícil) y cuando uno llega a ese punto, llega al Nirvana.
Lo que hay que resaltar ahora que tocamos este tema, es la manera como la ciencia occidental siempre llega a las mismas conclusiones que las filosofías orientales y americanas (amerindias) con miles de años de retraso. Los indios (de la India) habían llegado a determinar el tiempo que se demora la galaxia en darle vuelta al universo, en los Vedas, que se escribieron hace cinco mil años. Y los chinos llegaron a decir que la risa era un instrumento poderosísimo para el ser humano en el siglo sexto mientras los europeos eran una mano de pueblitos que peleaban entre sí (no quiero ser insistente pero hay que decir que de nuevo los budistas en... La India... ya lo habían dicho hace dos mil seiscientos, mientras los griegos estaban peleando contra los persas). Hasta ahora descubrimos, de este lado del planeta, que la risa es provechosa porque aumenta las conexiones sinápticas y la producción de endorfinas, lo que propicia un desarrollo de la inteligencia lúdica, la cual, a su vez, permite una mayor plasticidad del cerebro en procesos cognitivos. Los científicos están muy orgullosos por haber encontrado la forma de utilizar todas esas palabras juntas en una sola frase.
No entiendo por qué hay gente que se escandaliza con el zen por usar esas palabras "raras", como nirvana, maya, chakras. Algunos las consideran satánicas, otros las encuentran ridículas. Yo pienso en todos esos términos científicos nuestros y siento que... Bueno, por un lado, tanto que insistieron en que había que centrarse en ser racionales para ser mejores que los demás, pero eso sólo los ha hecho "descubrir" lo que el resto del mundo ya sabía. Por otro lado, siento que toda la palabrería que resultó de esa locura racionalista está desperdiciada (y ojalá que siga así). Que a alguien podría ocurrírsele salir a matar gente con sólo un megáfono y un libro de términos médicos (que, por favor, díganme si no son de espanto: esternocletomastoideo, teratoma, seno paranasal, falangeta, líquido cefalorraquídeo...). De no tener uno de estos, el villano en cuestión podría recurrir a un diccionario de figuras literarias (hipérbaton, epanadiplosis, asíndeton, analepsis, retruécano). Pero en fin. Que viva la falta de inventiva de los villanos.
Volviendo al tema y ya para despedirme por ahora, mi consejo es: sé feliz. Y cuando te digo eso no es para pegarte de mala gana un smiley en tu solapa y que me des una moneda. Es porque tus neuronas bajo el sahasrara mejoran las conexiones sinápticas, activan tus otros chakras, producen endorfinas, reducen síndromes psicopatológicos y psicosomáticos referentes al maya, te hacen más resistente al karma y te acercan al nirvana.
lunes, 30 de marzo de 2015
DE REINADOS Y OTROS AFRODISIACOS
Hace
unos días de madrugada, ya entre el sueño y la vigilia, me
preguntaba el por qué de los parámetros que tienen los reinados de
belleza. Por ejemplo, comencemos por la estatura. ¿Para qué necesitan gigantes? ¿Acaso existe un ejército
secreto compuesto sólo de gigantescas bellezas que nos va a defender
en caso de un ataque de... hombres que no han tocado una mujer en
años? Son mujeres 90-60-90, 1,80 de estatura, jóvenes, con talentos totalmente desperdiciados.
Es como las aletas de tiburón, que las quitan por sus poderes
afrodisiacos y desechan todo el resto del animal. A las reinas las
evalúan por la tonicidad muscular, la firmeza de su piel, que sepan
usar las dos piernas y más aún, que puedan caminar en zancos,
porque eso es lo que son esos tacones en que las obligan a subir a
las pobres muchachas. Les evalúan la posición de la nariz en la
cara, si las nalgas están en su sitio (¿Hay alguna nalga que pueda
estar en el sitio incorrecto?)... nunca les preguntan a las
concursantes, hey, ¿a quién prefieres, a tú mamá o a tu papá?
¿Cómo te llevas con tus hermanos? ¿Qué materia te gusta más de
tu carrera? ¿A qué le temes más? No. Mucho menos, ¿en qué
piensas especializarte? ¿En dónde te gustaría hacer un postgrado?
Al tiburón no le preguntan cosas personales antes de mutilarlo y
dejarlo morir en las profundidades del mar. A estas niñas, en
cambio, niñas de 17, 18, 23 años, después de someterlas a
caminatas y caminatas y más caminatas como a caballos de feria o
como a esclavos de antaño (aunque ahora no se acercan a mirarles los
dientes, ésos han resuelto dejárselos en paz) las someten a una
pregunta crucial que decidirá quién gana y quién se va para su
casa a poner los pies en aguasal. La pregunta en sí es absurda:
Interprete esta frase de Confucio. Diga cuál es la mujer que más
admira. Si tuviera que irse a una isla... Hable de la situación
política de su país. Pero lo más absurdo es la expectativa que
tienen respecto de la respuesta a esa pregunta. Quieren a un Noam
Chomsky, a un Confucio, a un Ferdinand de Saussure, a un Roland
Barthes, a un Winston Churcill. ¡Por todos los dioses! Yo a mis 18
años no podría abarcar los aspectos de la política de mi país, ni
podría entender a cabalidad a Confucio. Yo a esa edad, si me tocara
exponerme en paños menores frente a la población mundial, y luego
encontrarme ante una pregunta de esa índole, sólo habría atinado a
decir: "eehhmmm... hombre con hombre, mujer con mujer...".
Pretenden
que admiren a la Madre Teresa de Calcuta o a la Dama de Hierro. La
seguidora de una monja no se pone frente a millones de personas a
caminar en calzones y tacos altos para que le hagan una tasación
lípida y ósea. La seguidora de una mujer de la política prefiere
hacer que otros sean quienes caminen en calzones frente a millones de
espectadores. Quien entiende las frases de Confucio no ve reinados en
la TV. No tiene TV. Vive en un lamasterio en el Tíbet. No lo tomen a
mal, soy mujer, me encanta que me miren, pero no que me midan.
Los
reinados son afrodisiacos. Escenografían todo para que imaginemos
que existe una playa idílica por donde sólo caminan beldades
sonrientes y bien educadas que podrán parecerse a estatuas griegas,
si pensamos que una estatua griega después de miles de años de
estar en un pedestal sin comer, seguramente perderá varios kilos.
Pero camuflan ese morbo lujurioso tras el velo de esas preguntas
inapropiadas e impersonales. Ahora, si buscáramos a una mujer que
representara a nuestros países ante el mundo, no elegiríamos
"escuintlas" que apenas sí saben dónde están paradas.
Que son para hacer obras sociales, ¿no era para eso que estaba la
primera Dama? Que para promover el turismo de su país, ¿acaso el
resto de mujeres de ese país es tan horripilante y desagradable que
espanta a los visitantes? Que porque los vestidos, los diseñadores,
alguien que me diga sinceramente si usaría un vestido así para una
comida. En serio, es mucho entrenamiento físico en cuerpos
perfectamente buenos como para dejarlos perder así.
Claro,
está lo otro. La belleza. ¿A quién no le gusta ver una mujer
bonita? Esto me lleva a otra gran pregunta: ¿Qué es una mujer
bonita? Para algunos las misses podrán ser su ideal de belleza. Pero
hay pueblos del África para los que las bizcas se llevaban todos los
galanes. Para los beduinos, quienes tengan estrías son las más
apetecibles. Para otros, las mujeres de caderas anchas les colman las
más pornográficas fantasías. En el Renacimiento, sin ir muy lejos
y contrario a lo que podría pensarse, lo sexy era tener la frente
ancha, las pupilas dilatadas, los dientes pequeños y separados.
Nadie tiene por qué decirnos quién es bonito y quién no. No
habitamos un museo obsesionado por proporciones exactas e
irrebatibles. La realidad es plural. Habitamos un mundo desigual y
eso es lo que lo hace interesante. No estamos aquí para seguir
modelos (en sus dos acepciones). Alguien descubrió hace siglos
nuestro papel en este mundo. Estaba escrito en el oráculo de Delfos
y lo han repetido mucho: Conócete a ti mismo. Quizá es eso lo que
han aportado los realities. Aunque una vez alguien dijo que la gente
cambia cuando está frente a una cámara, por lo menos se trata de
gente real, a quien no le interesa decir la frase correcta ni posar
de santo. El día en que se diga después de un reinado, “qué
bien, este año ganó la luchadora. Va a entrenar mujeres guerreras para el ejército de tal país” o “que bueno, Fulanita, la bióloga, va a
poder cumplir su sueño de ir a clasificar monos en Centroamérica”
ese día volveré a creer en la humanidad. Mientras tanto sólo seguiré viendo como caen los tiburones, mutilados, al fondo del mar.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Bienvenidos a Gore Místico
No hay nada nuevo bajo el sol, es la frase que se atribuye a Salomón. Entonces... ¿para qué escribir?
La cosa es que, aunque todo ya se ha escrito, todo está por escribirse.
Los temas de la literatura siempre han sido cuatro: El amor, la muerte, el hombre, el ser. El amor o el placer, la muerte o la agonía, el hombre o los hombres (la cultura), el ser o el alma. Y realmente de ahí salen todos los géneros y las combinaciones posibles.
El segundo tema es que tampoco se escribe porque todo esté por escribirse. Por supuesto sí es un reto enfrentar esos mismos temas de siempre bajo una luz distinta: la cultura, la siquis, la experiencia, la edad, el género, la época. Pero aún así eso no es lo que lo mueve a uno a escribir.
En mis tiempos de docencia les decía a mis estudiantes que la escritura se hacía desde tres zonas del cuerpo y en el siguiente orden indefectible e invariable: Las vísceras, el corazón y la cabeza. Toda creación nace de una urgencia. Una emoción imparable y abrumadora: la ira, el deseo, el dolor. Emociones de nuestro cerebro límbico. Volcánico. Animal. Ahí se depura esa urgencia en el corazón, porque la emoción pura es destructiva. Es un carbón ardiente. El corazón nos dota de una maternalidad que lleva a esa emoción a desear ser más que emoción, a ser arte. Y por último, al llegar a la cabeza, vincula esa urgencia originaria a las reglas del lenguaje, la sintaxis, la gramática, el ritmo, la estructura.
Pero volvamos a la urgencia. Esa primera chispa. Se escribe porque no se es capaz de apagar esa urgencia, llanamente por eso. Cuando nos posee esa urgencia, no importa si esa imagen, esa frase, o a veces, esa sensación olfativa, le va a gustar a los amigos o a la familia.
Simplemente hay que tomar el lápiz, el bolígrafo, el celular, y hay que escribirla.
Yo escribo porque no sé hacer nada más. Porque desde que me vino la primera urgencia, mi mente se obsesionó por depurarse, por pulirse, por volverse un recipiente para recibir la emoción que se ha de volver sentimiento y después frase y párrafo.Ya una vez hecha la trampa, es decir, el libro, ahí sí viene el llanto y el crujir de dientes. Ahí uno se enfrenta con los editoriales, con los críticos,... con los lectores. Con la cultura. Con su cultura. Ahí está la diferencia entre creerse escritor y ser escritor. A veces uno se cree escritor y luego a nadie le gusta lo que uno escribe. A veces uno ya ha sido excretado por los gusanos, y deglutido y vuelto a excretar por ellos varias veces antes de ser considerado un escritor. A veces uno ha sido escritor siempre pero nadie nunca lo va a saber. Es como el famoso koan que dice que si un árbol cae en medio del bosque y no hay nadie para verlo, ¿ese árbol realmente cayó?
La escritura es una apuesta con el vacío. Es quizá uno de los más ilusos oficios. Nunca sabes qué vas a recibir a cambio.
... pero no por eso deja de ser una urgencia.
Se me ocurre pensar que quizá la escritura sea como el amor, una psicosis: nunca sabes si serás correspondido, nunca sabes si amas a la persona correcta, no sabes cuánto durará tu relación si la logras tener, pero no por eso puedes dejar de amar.
Este blog pretende conectar la urgencia sicótica de escribir con la urgencia sicótica de leer. Porque hay que añadir que el del lector también es un oficio ingrato. No ganas dinero por leer (salvo en algunos casos) y conozco gente que al contrario se ha muerto literalmente por hacerlo.
Por preferir los libros a la comida. Porque la lectura no alimenta el cuerpo, no te hace rico en el mundo físico. Te hace riquísimo en el alma. Pero lamentablemente el alma es un bien que no tiene ningún valor bursátil. Lamentablemente y afortunadamente.
Está claro que este blog no dará nada útil. Que creará en cambio preguntas inútiles, ideas inútiles, pensamientos inútiles. Pero lo que es inútil para el cuerpo es valioso para el alma (paradójicamente lo que hoy es inútil para el cuerpo pero valioso para el alma, resulta siendo útil a la sociedad pero a un largo plazo. Le llaman humanismo a eso, es una palabra fósil así que excúsenme por usarla). Supongo que cuando se lee se debe hacer esta elección, a menos que se esté leyendo "las cien claves para ser rico", "las cincuenta formas de ser exitoso", "las diez cosas que debe saber un emprendedor" o Paulo Coelho. En este caso, amigos, es probable que caminen por una senda muy alejada de la literatura y me temo que los hayamos perdido para siempre. Nosotros no, pero sí su alma.
Para leer hay que tener a mano el alma y un lápiz. Porque el que lee sin rayar, no está leyendo. Bueno... en este blog no podrán rayar pero sí hacer copypaste (no olviden hacer copypaste con el copyright debido).
Y por supuesto, si usted es une lectore (para no caer en discusiones de género ni poner la arroba que me parece más escatológica que práctica) que lee para nutrir su propia urgencia de escribir, más bienvenide aún.
El nombre de este blog es Gore Místico. Encontrarán aquí unas cuantas crónicas caníbales. Caníbales en varias acepciones de la palabra, como lo verán. Algunas veces serán más esquizoides que caníbales, pero eso ya lo deciden ustedes. Se encontrarán por lo tanto con un potpourri (una olla podrida, por supuesto) de poemas, artículos, cuentos, sobre temas variopintos.
Así pues, ya que por ahora no queda nada que decir (queda mucho pero prefiero callar un rato), te doy la bienvenida, querido lector (lectore), a este inútil blog.
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