Pensar cómo el vómito puede ser una entidad viva. Un cuerpo cálido que puede en algún caso ocupar un tiempo y un espacio y por ende, poseer una energía determinada. E=MC². Olvidando su procedencia, lo que se siente al darlo a luz (eso es, un parto por otro conducto) o el olor (que no hay nada más sincero y hondo), pensémoslo como un animalito carente de cariño. Que si te lo encuentras en el asiento de un taxi, por ejemplo, hecho un pequeño estanque tibio, te va a buscar y a agarrar con cada molécula de su líquido ser y se va a querer pegar a ti. No es para menos: ha sido expulsado del vientre de su madre o de su padre, ha sido abandonado ahí, con total indolencia, y tú eres el primer ser humano que se topa después de tan arduo fenómeno, de esa venida al mundo frío y hostil del asiento.
Esa cosita ha venido envuelta en vapores de alcohol y en restos del pasado de su progenitor. Lo que él comió, pero mas allá, las sustancias que fueron liberadas con cada sensación y cada emoción que trajo el día. El amor, la tristeza, el deseo, la alegría. Todo eso liberó fragmentos de un universo que formó finalmente la quintaesencia de ese hijo malquerido. ¿Y quién se lo encuentra? Tú. Pero no, tú no aprecias eso. Tú lo repudias. Te sientes sucia, te sientes como cuando un perro te orina encima, cosa que resulta totalmente diferente, porque los orines del perro son una marca frentera de un dominio. Esta criatura, en cambio, está viva, posee ya una personalidad propia, diferente de aquélla de su creador. Pero tú no puedes separar una cosa de otra. Para ti es todo lo mismo. Tú de todos modos quieres limpiarlo, cercenar las células de esta maravilla que sólo quiere tu cariño. Y como vas para un evento y ya no alcanzas a ir a tu casa a cambiarte, te vas así, lo recibes, te lo llevas contigo, pero sintiéndote la más puerca, la más profanada, la más humillada. No sabes lo insensible que es eso, lo mucho que le duele a ese hijo que has adoptado tan de mala manera. Y sientes ese olor impregnado, emplastado en tu nariz todo el tiempo, aunque al llegar a tu destino te has metido al baño y te has limpiado tanto como has podido y te has sacado la mancha, "la mácula" de tu trasero. La criatura, hecha girones, mutilada, ha seguido ahí toda la noche, secándose, marchitándose poco a poco, aunque no se vea y aunque sólo tú insistas en percibir ese olor que te repugna. Y cuando llegas a tu casa, te quitas el pantalón, lo metes en gasolina, te das una ducha hirviente y escarificante con estropajo y clorox ... Lo has matado, hija de perra. Lo has matado y nunca sabrás lo que es verlo crecer.
Tendré muy en cuenta estas elucubraciones la próxima vez que me tope con un vómito recién nacido. Creo que ahora podré andar con una actitud más serena y positiva frente a las criaturas que nos necesitan.
ResponderBorrarYo creo que si uno los cuida y los riega, algo nacerá.
Borrar