miércoles, 4 de marzo de 2015

Bienvenidos a Gore Místico


No hay nada nuevo bajo el sol, es la frase que se atribuye a Salomón. Entonces... ¿para qué escribir?

La cosa es que, aunque todo ya se ha escrito, todo está por escribirse.

Los temas de la literatura siempre han sido cuatro: El amor, la muerte, el hombre, el ser. El amor o el placer, la muerte o la agonía, el hombre o los hombres (la cultura), el ser o el alma. Y realmente de ahí salen todos los géneros y las combinaciones posibles.
El segundo tema es que tampoco se escribe porque todo esté por escribirse. Por supuesto sí es un reto enfrentar esos mismos temas de siempre bajo una luz distinta: la cultura, la siquis, la experiencia, la edad, el género, la época. Pero aún así eso no es lo que lo mueve a uno a escribir.

En mis tiempos de docencia les decía a mis estudiantes que la escritura se hacía desde tres zonas del cuerpo y en el siguiente orden indefectible e invariable: Las vísceras, el corazón y la cabeza. Toda creación nace de una urgencia. Una emoción imparable y abrumadora: la ira, el deseo, el dolor. Emociones de nuestro cerebro límbico. Volcánico. Animal. Ahí se depura esa urgencia en el corazón, porque la emoción pura es destructiva. Es un carbón ardiente. El corazón nos dota de una maternalidad que lleva a esa emoción a desear ser más que emoción, a ser arte. Y por último, al llegar a la cabeza, vincula esa urgencia originaria a las reglas del lenguaje, la sintaxis, la gramática, el ritmo, la estructura.
Pero volvamos a la urgencia. Esa primera chispa. Se escribe porque no se es capaz de apagar esa urgencia, llanamente por eso. Cuando nos posee esa urgencia, no importa si esa imagen, esa frase, o a veces, esa sensación olfativa, le va a gustar a los amigos o a la familia.

Simplemente hay que tomar el lápiz, el bolígrafo, el celular, y hay que escribirla.

Yo escribo porque no sé hacer nada más. Porque desde que me vino la primera urgencia, mi mente se obsesionó por depurarse, por pulirse, por volverse un recipiente para recibir la emoción que se ha de volver sentimiento y después frase y párrafo.Ya una vez hecha la trampa, es decir, el libro, ahí sí viene el llanto y el crujir de dientes. Ahí uno se enfrenta con los editoriales, con los críticos,... con los lectores. Con la cultura. Con su cultura. Ahí está la diferencia entre creerse escritor y ser escritor. A veces uno se cree escritor y luego a nadie le gusta lo que uno escribe. A veces uno ya ha sido excretado por los gusanos, y deglutido y vuelto a excretar por ellos varias veces antes de ser considerado un escritor. A veces uno ha sido escritor siempre pero nadie nunca lo va a saber. Es como el famoso koan que dice que si un árbol cae en medio del bosque y no hay nadie para verlo, ¿ese árbol realmente cayó?

La escritura es una apuesta con el vacío. Es quizá uno de los más ilusos oficios. Nunca sabes qué vas a recibir a cambio.

... pero no por eso deja de ser una urgencia.

Se me ocurre pensar que quizá la escritura sea como el amor, una psicosis: nunca sabes si serás correspondido, nunca sabes si amas a la persona correcta, no sabes cuánto durará tu relación si la logras tener, pero no por eso puedes dejar de amar.

Este blog pretende conectar la urgencia sicótica de escribir con la urgencia sicótica de leer. Porque hay que añadir que el del lector también es un oficio ingrato. No ganas dinero por leer (salvo en algunos casos) y conozco gente que al contrario se ha muerto literalmente por hacerlo.

Por preferir los libros a la comida. Porque la lectura no alimenta el cuerpo, no te hace rico en el mundo físico. Te hace riquísimo en el alma. Pero lamentablemente el alma es un bien que no tiene ningún valor bursátil. Lamentablemente y afortunadamente.
Está claro que este blog no dará nada útil. Que creará en cambio preguntas inútiles, ideas inútiles, pensamientos inútiles. Pero lo que es inútil para el cuerpo es valioso para el alma (paradójicamente lo que hoy es inútil para el cuerpo pero valioso para el alma, resulta siendo útil a la sociedad pero a un largo plazo. Le llaman humanismo a eso, es una palabra fósil así que excúsenme por usarla). Supongo que cuando se lee se debe hacer esta elección, a menos que se esté leyendo "las cien claves para ser rico", "las cincuenta formas de ser exitoso", "las diez cosas que debe saber un emprendedor" o Paulo Coelho. En este caso, amigos, es probable que caminen por una senda muy alejada de la literatura y me temo que los hayamos perdido para siempre. Nosotros no, pero sí su alma.
Para leer hay que tener a mano el alma y un lápiz. Porque el que lee sin rayar, no está leyendo. Bueno... en este blog no podrán rayar pero sí hacer copypaste (no olviden hacer copypaste con el copyright debido).
Y por supuesto, si usted es une lectore (para no caer en discusiones de género ni poner la arroba que me parece más escatológica que práctica) que lee para nutrir su propia urgencia de escribir, más bienvenide aún.

El nombre de este blog es Gore Místico. Encontrarán aquí unas cuantas crónicas caníbales. Caníbales en varias acepciones de la palabra, como lo verán. Algunas veces serán más esquizoides que caníbales, pero eso ya lo deciden ustedes. Se encontrarán por lo tanto con un potpourri (una olla podrida, por supuesto) de poemas, artículos, cuentos, sobre temas variopintos.

Así pues, ya que por ahora no queda nada que decir (queda mucho pero prefiero callar un rato), te doy la bienvenida, querido lector (lectore), a este inútil blog.

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