Pasen, tómense un tecito de sangre de doncella con galleticas de hueso molido y conversemos.
miércoles, 3 de junio de 2015
CRÓNICA DE UNA CARCAJADA. DEL PASTELAZO AL KOAN.
"La risa, remedio infalible", rezaba en la tarjeta que me regaló una compañera de colegio hace ya bastantes años y que al abrirla dejaba salir volando una mariposa negra impulsada por un caucho. Tenía doce años cuando el mundo de las bromas se abrió ante mis ojos, exactamente en la época en que llegaron las casas de bromas a Bogotá, por allá a mitades de los milnovechento-ochenta. Ahí vendían desde el muñeco musculoso que orinaba en tu cara, pasando por los chicles-trampa y terminando en sofisticaciones como la mosca en el vaso o el vaso con hoyos.
Esta mañana estaba revisando el término paradoja como un mind game basado en teorías donde la matemática retaba la lógica de la mente por decirlo así, como los grabados de Escher. Y descubrí que hay un aspecto del humor, o de las bromas, que causa risa basándose en paradojas.
El famoso slapstick o pastelazo tan popular en la comedia gringa es gracioso porque a los seres humanos nos gusta reírnos de la desgracia ajena, pero hay algunas rutinas que son paradojas, como la famosa que involucra dos albañiles y una escalera, y que cuando uno se voltea con la escalera al hombro para un lado, el otro resulta golpeado. Ahí es cuando uno dice, ¿cuáles son las probabilidades de que eso ocurra en la realidad? Lo más curioso es que de hecho en la realidad eso puede pasar. Hay "pastelazos" que definitivamente retan la lógica. Como en "The Funniest Vídeos" donde un hombre puede saltar por encima de un carrito de golf y quedar colgado del calzoncillo, un lanzador de disco puede convertirse en lanzado, un jinete convertirse en montura. Cosas que si no se ven, no se creen.
También tenemos los juegos de palabras. Chistes como el de "en eñta eñquina el de moño ñojo y en eñta ota eñ demoño ñojo" o ese donde un sacerdote después de años de estudiar mucho la Biblia, comparar traducciones y aprender arameo, se echa a reír y exclama: "Ah! ¡ 'Sed libres', no 'célibes' !". O esos que juegan con la imagen y que rayan (¿rallan?) en lo absurdo como el de: " ¿Cuántos elefantes caben en un wolkswagen? Cinco, dos adelante y tres atrás" con la secuela que es: "¿Cómo se sabe que los cinco elefantes están en una fiesta? Porque está el wolkswagen parqueado afuera".
Es quizá el mismo principio del koan y el mondo, del zen chino. Aunque en éstos la intención era, claro está, diferente. Sin embargo, eso no se puede negar, hay mucho humor en ellos. Como cuando el discípulo le pregunta al maestro cuál fue la ultima enseñanza de Buda y éste le responde: "te lo diré pero primero tienes que hincarte en el suelo frente a su estatua". Y cuando el discípulo lo hace, el maestro le pega una tremenda patada en el culo, el alumno no puede dejar de reírse y ahí alcanza la iluminación.
O ese otro en que el discípulo pregunta: maestro, ¿tiene un perro la misma naturaleza de Buda?, y el maestro le responde: ¡wu!, que significa a la vez la onomatopeya del ladrido y la palabra "no". Esta palabra, wu, por otro lado, es el eje del zen, filosofía ocupada en negarlo todo. De una forma dulce, pero implacable.
La historia zen que me parece la más notable de todas, es la que cuenta que un maestro quiere dejar un sucesor para que dirija el monasterio y habiendo reunido a todos sus discípulos al rededor de un jarrón, lanza la pregunta: "sin decir 'esto es un jarrón', definan lo que tienen en frente de una forma sabia y profunda". Y después de un largo silencio, quizá de días, pasó el cocinero, se tropezó con el jarrón, que, claro, olvidé mencionar que era de la dinastía Ming o algo así, y lo rompió, lo cual enfureció a todos los monjes porque había roto una antigüedad. Pero agradó mucho al maestro porque había roto una antigüedad. Y le agradó tanto que le dio a él la dirección del monasterio.
El zen es el súmmum de la comedia. Le da a la risa el estatus de ejercicio religioso. Como dice el filósofo español, " casi una experiencia religiosa". Hablamos de Enrique Iglesias, por supuesto. El zen, podría decirse, es aprender a reírse de todo, hasta de sí mismo (cosa en verdad difícil) y cuando uno llega a ese punto, llega al Nirvana.
Lo que hay que resaltar ahora que tocamos este tema, es la manera como la ciencia occidental siempre llega a las mismas conclusiones que las filosofías orientales y americanas (amerindias) con miles de años de retraso. Los indios (de la India) habían llegado a determinar el tiempo que se demora la galaxia en darle vuelta al universo, en los Vedas, que se escribieron hace cinco mil años. Y los chinos llegaron a decir que la risa era un instrumento poderosísimo para el ser humano en el siglo sexto mientras los europeos eran una mano de pueblitos que peleaban entre sí (no quiero ser insistente pero hay que decir que de nuevo los budistas en... La India... ya lo habían dicho hace dos mil seiscientos, mientras los griegos estaban peleando contra los persas). Hasta ahora descubrimos, de este lado del planeta, que la risa es provechosa porque aumenta las conexiones sinápticas y la producción de endorfinas, lo que propicia un desarrollo de la inteligencia lúdica, la cual, a su vez, permite una mayor plasticidad del cerebro en procesos cognitivos. Los científicos están muy orgullosos por haber encontrado la forma de utilizar todas esas palabras juntas en una sola frase.
No entiendo por qué hay gente que se escandaliza con el zen por usar esas palabras "raras", como nirvana, maya, chakras. Algunos las consideran satánicas, otros las encuentran ridículas. Yo pienso en todos esos términos científicos nuestros y siento que... Bueno, por un lado, tanto que insistieron en que había que centrarse en ser racionales para ser mejores que los demás, pero eso sólo los ha hecho "descubrir" lo que el resto del mundo ya sabía. Por otro lado, siento que toda la palabrería que resultó de esa locura racionalista está desperdiciada (y ojalá que siga así). Que a alguien podría ocurrírsele salir a matar gente con sólo un megáfono y un libro de términos médicos (que, por favor, díganme si no son de espanto: esternocletomastoideo, teratoma, seno paranasal, falangeta, líquido cefalorraquídeo...). De no tener uno de estos, el villano en cuestión podría recurrir a un diccionario de figuras literarias (hipérbaton, epanadiplosis, asíndeton, analepsis, retruécano). Pero en fin. Que viva la falta de inventiva de los villanos.
Volviendo al tema y ya para despedirme por ahora, mi consejo es: sé feliz. Y cuando te digo eso no es para pegarte de mala gana un smiley en tu solapa y que me des una moneda. Es porque tus neuronas bajo el sahasrara mejoran las conexiones sinápticas, activan tus otros chakras, producen endorfinas, reducen síndromes psicopatológicos y psicosomáticos referentes al maya, te hacen más resistente al karma y te acercan al nirvana.
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Muy buena entrada. Por cierto, ¿cómo sabes que hay un elefante en tu nevera? Por las huellas en la mantequilla. ¿Cómo sabes que hay dos elefantes en tu nevera? Porque no puedes cerrar la puerta.
ResponderBorrarJajajaja, ese no me lo sabía. Ah, pero espera. Me estas queriendo decir que me has dejado un elefante en mi nevera? Ya vengo.
ResponderBorrarMuy bueno...
ResponderBorrarMe hizo recordar porque me gustan los tres chiflados...
ResponderBorrarRisa, arma poderosa contra la inercia, reconocida desde milenios y característicamente humana, mientras la "sabiduría popular" nos dice que la risa abunda en la boca de los tontos; de ser así prefiero ser tonto.
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